26 marzo 2008

Conducir en las películas

Hay muchas cosas en las que aceptamos que el cine no es real y la conducción de automóviles es una de ellas. En primer lugar por lo que comentaba otro día de que los coches en el cine sólo dan problemas en el encendido, pero también hay otros aspectos dignos de ser comentados. Por ejemplo, la gran cantidad de volantazos que dan en las películas; cuando alguien conduce en la realidad las curvas en la carretera normalmente son suaves y se va girando el volante paulatinamente. En el cine el conductor suele moverlo con gran velocidad a izquierda, derecha, izquierda, derecha continuamente. Un coche conducido así sería el terror de la autopista, todos los otros vehículos se tendrían que apartar de la calzada y además en el interior se notaría el fuerte efecto de la inercia y sus ocupantes se irían meneando de un lado al otro. Tampoco está mal la tranquilidad con que los conductores en el cine miran al copiloto en lugar de a la carretera.

Pero me voy a detener más en otro punto que es el del cambio de marchas. Todos los conductores sabemos que al arrancar un vehículo la mano se nos va continuamente a la palanca de cambios. Hay que comprobar si tiene la primera metida y al poco de arrancar meter la segunda y generalmente no mucho después la tercera; incluso la cuarta, si estamos en carretera y no en ciudad. En el cine no se ven estos movimientos, el conductor agarra el volante todo el rato. Esto no se aleja tanto de la realidad si se trata de cine americano puesto que los coches estadounidenses suelen tener cambio de marchas automático y no manual.

Ojo, aunque el cambio de marchas se haga automáticamente la caja de cambios funciona exactamente igual que en un coche europeo. Se trata de una serie de engranajes que regulan la velocidad que el motor transmite a las ruedas. Las ruedas giran a menos velocidad que el motor y esta reducción se consigue uniendo el motor con un engranaje pequeño y las ruedas con uno más grande; cuanto mayor sea la diferencia de tamaño entre los engranajes, más se reducirá la velocidad y más lentas irán las ruedas. En el momento del arranque nos interesa que las ruedas vayan a poca velocidad; más adelante lo que hacemos al pisar el embrague (desembragar) es separar los dos engranajes. En ese momento las ruedas giran de forma totalmente independiente del motor (de ahí que el coche se embale cuando pisamos el embrague cuesta abajo y se frene cuando lo pisamos cuesta arriba); al meter la nueva marcha, ya sea de forma manual o automática, se ponen en contacto dos engranajes distintos con menos diferencia de tamaño, por lo que la reducción de velocidad es menor, las ruedas girarán más aprisa. Si la marcha "entra mal" puede pasar que los engranajes no lleguen a hacer contacto y las ruedas giren "locas", independientes del motor; o algo peor, si intentamos cambiar la marcha sin pisar el embrague, y por lo tanto sin separar los dos engranajes, hacemos que uno rasque contra el otro produciendo un desagradable ruido.

¿Y por qué la marcha atrás es por lo general más complicada de meter? Pues porque requiere unir no dos sino tres engranajes; la función del tercero es cambiar el sentido de giro. Ahí sí que los coches americanos tendrán que tener algún dispositivo manual para introducirla; la automatización, como todo, tiene sus límites.

13 marzo 2008

Búsqueda de contraseñas

Curiosamente tengo la sensación de haber visto más películas en las que los buenos intentaban saltarse claves de acceso a redes, protecciones de datos e información privada, etc. que al contrario, que historias de hackers malos. El pirata informático malo suele acosar y mandar mensajes inquietantes a víctimas que a veces se olvidan de que, simplemente desconectando el cable de red, se librarán del espionaje. A un ordenador que no está conectado a Internet no se le puede atacar, aunque sí se le pueden dejar instalados durante el tiempo de conexión virus que actúen después y que hasta el momento hayan permanecido latentes, dando la impresión de que el equipo ha sido atacado en ese instante.

Pero cuando los buenos necesitan saltarse o crackear una contraseña y, tras el inevitable suspense, lo logran en el último segundo, ¿esto responde a la realidad? Pues depende del programa que estén empleando para averiguar la clave (programas que básicamente lo que hacen es probar todas las combinaciones posibles de caracteres a gran velocidad) pero sobre todo depende de la seguridad de la contraseña. En este enlace se muestran unas interesantes tablas con el tiempo que se tarda en averiguar una contraseña; las más fáciles son las numéricas. Una contraseña de 4 números tiene sólo 10.000 combinaciones posibles (puesto que es un número del 1 al 10.000) y a la velocidad de los chips de hoy en día se pueden hacer los 10.000 intentos de forma prácticamente instantánea. Si utilizamos 6 números el hacker todavía lo podrá averiguar en menos de 30 segundos (menos todavía si utiliza toda una red de equipos en lugar de uno solo).

Para ponerlo un poco más difícil podemos usar letras; al tratarse de combinaciones de 26 caracteres en lugar de diez, como en los números, el tiempo se eleva a ocho horas y media para seis letras, aunque si disponemos de toda una red estas ocho horas se reducen a segundos. La complicación se eleva si la contraseña mezcla mayúsculas y minúsculas (las ocho horas no se duplican, sino que se convierten en 23 días), y si además se añaden números el tiempo puede subir hasta 66 días. Como se ve, el incremento del tiempo no es proporcional sino exponencial; por lo tanto lo del experto informático cargándose una contraseña en unos pocos minutos con un solo ordenador, por potente que sea, es puro cine. Otra cosa es que dispongamos de toda una red, pero ese no suele ser el caso en las películas. Sí es muy fácil descifrar una contraseña puesta por algún particular, porque es una cuestión más de psicología que de técnica: probando la fecha de nacimiento, de la boda, los nombres de su mujer o sus hijos, etc. tenemos bastantes posibilidades de acertar. Pero para algo importante, la clave de una empresa, de una organización delictiva, etc. las contraseñas no van a ser tan simples, se recurrirá a mayúsculas, minúsculas y números combinados.

Los tiempos no cambian tanto en el cine y si antaño el western se basaba en que el caballo del malo corría menos que el caballo del bueno, en las películas de acción de hoy en día el ordenador del hacker malo es siempre más lento que el del hacker bueno.

26 febrero 2008

Savage Grace: mitos y realidades respecto al incesto

En Savage Grace, que está o al menos estuvo en cartel hasta hace poco en nuestro país, Julianne Moore interpretaba a una madre un tanto inestable emocionalmente cuya relación con su hijo puede calificarse de enfermiza. Tras ser abandonada por su marido, el desequilibrio de la protagonista va a más y la lleva primero a compartir amantes con su hijo y más tarde a tener relaciones sexuales directas con él. Aunque sé que existe otra película con la misma temática protagonizada por Isabelle Huppert, la actriz de guardia para este tipo de papeles extremos, servidor nunca había visto el incesto mostrado de forma tan gráfica en el cine, pero parece que la distribuidora no ha sabido aprovechar el potencial escandaloso de una película que tampoco tiene muchos más valores que ofrecer y que ha pasado muy desapercibida.

El incesto es, ex aequo con el canibalismo, el mayor tabú en nuestra cultura y en casi todas aunque, como ocurre igualmente con la antropofagia, existen excepciones en lugares y momentos concretos de la historia, como el antiguo Egipto, en el que los faraones se casaban con sus hermanas para evitar los conflictos dinásticos. ¿Tiene este rechazo a las relaciones sexuales entre los miembros de la misma familia una base científica o se trata sólo de una cuestión antropológica y cultural? Bien, se piensa que la reproducción sexual, común a todos los animales superiores, presenta ventajas biológicas y evolutivas: al mezclar los genes de dos individuos distintos sus descendientes resultan genéticamente más diversos y por lo tanto más capacitados para evolucionar y adaptarse al entorno que las especies asexuales, como gusanos, esponjas, etc. en las que un sólo individuo se reproduce originando copias genéticas de sí mismo. El incesto, que evita en buena medida esa mayor riqueza genética, parece algo contra natura: no obstante, la creencia popular de que los hijos de relaciones incestuosas sufren malformaciones o retraso mental es exagerada y probablemente producto del tabú cultural. Un estudio reciente llegaba a la conclusión de que los hijos de primos carnales, que comparten mucho material genético, tienen alrededor de un 93 % de probabilidades de ser perfectamente normales. Es cierto que las relaciones entre primos no suelen ser consideradas como realmente incestuosas (aunque el matrimonio entre ellos esté prohibido en algunos estados de USA) y en las que sí lo son, como entre hermanos o entre padres e hijos, las estadísticas podrían ser menos favorables a relativizar el peligro del incesto, pero no es cierto que los hijos de padre y madre de una misma familia vayan a sufrir necesariamente malformaciones: simplemente, muchos genes recesivos que podrían causar enfermedades y que seguirían siendo recesivos al unirse con otro material genético externo, se vuelven dominantes con el incesto; el riesgo en el embarazo es mayor, pero no llega a ser una certeza.

Aún más lejos en cuanto a relaciones incestuosas llegó El crimen del capitán Sánchez, un episodio de la serie española de TV de los años 80 La huella del crimen, en el que el tal capitán mantenía una prolongada relación con su propia hija, con la que tenía varios hijos / nietos aparentemente normales, y también este tema se planteaba en Volver, la hasta el momento última película de Almodóvar. El incesto padre / hija o madre /hijo, el más frecuente, está estrechamente vinculado a la pederastia y el abuso de menores por lo que es considerado ilegal; en cuanto al de hermano / hermana entre adultos resulta motivo de debate: hace pocos años se condenó a una pareja de hermanos alemanes a penas de cárcel, que supongo que no llegaron a cumplir en la práctica, por haber tenido hijos entre ellos. Sin embargo en otros países se considera una especie de variante sexual tan extraña como aceptable en principio.

02 febrero 2008

El increíble hombre menguante: cuando la estatura es variable

El increíble hombre menguante es un clásico de la ciencia-ficción de serie B sobre un pobre tipo que, tras ser expuesto a una radiación (típico ejemplo del pánico a la energía nuclear en los años 50, tras la destrucción de Hiroshima y Nagasaki con bombas atómicas) ve como su tamaño se va reduciendo primero hasta convertirse en un enano, luego, entrando ya en lo bizarro, tiene que vivir en una especie de casa de muñecas que le ha preparado su mujer. Se suceden entonces escenas antológicas en el género, como la persecución del hombre menguante por parte primero de su propio gato y más tarde de una malvada araña en el sótano. A diferencia de otros títulos de este estilo, la película es solvente y se ve con agrado más allá de su valor como rareza.

Pero a lo que vamos: hay una escena de la película, cuando nuestro hombre empieza a perder peso y visita al médico para ver que le ocurre, en la que el doctor le comenta algo que no sé si forma parte o no de la cultura general. Nuestra estatura no es constante, va variando durante el día. Al estar de pie los huesos se comprimen y vamos perdiendo altura durante la jornada. Por la noche, al estar tumbados, recuperamos los centímetros perdidos, que pueden ser del orden de 1 o 2. Esta puede ser una cuestión importante a la hora de trabajos en los que se pide una estatura mínima (policías, etc.) porque, quien se encuentre en el límite, puede alcanzarlo si se le mide por la mañana y quedarse por debajo si se hace a última hora de la tarde. Aunque la película no lo comente, también puede haber oscilaciones en el peso, en este caso en función de la posición geográfica. Debido al achatamiento de la Tierra, la gravedad es ligeramente superior en los polos y un poco más baja en el Ecuador. La diferencia es insignificante para la vida diaria pero relevante a la hora de establecer, por ejemplo, un récord de salto de altura en los juegos olímpicos.

Otro aspecto curioso de la película es la tranquilidad con la que el médico le hacía radiografías al protagonista; no ha sido hasta hace relativamente muy poco cuando se ha limitado el uso de los rayos X por sus efectos sobre las células, especialmente problemáticos en niños y embarazadas. Y someter al pobre hombre menguante a más radiación es hacer que llueva sobre mojado.

23 enero 2008

El experimento: jugando con fuego

El experimento (2001) es el título de la primera película del director alemán Oliver Hirchsbiegel, que años más tarde obtendría un éxito mucho mayor con El hundimiento, un relato sobre los últimos días del nazismo. Pero es su opera prima la que resulta interesante para este blog porque se basa en una novela a la vez inspirada por un experimento científico real: el de la cárcel de Stanford, llevado a cabo en 1971, en el que se estudiaba el efecto psicológico de la vida en prisión y los roles que allí se establecen.

Los participantes en el experimento eran universitarios que debían asumir el papel de preso o de guardián; este es un aspecto importante que la película descuida, puesto que en el film el grupo de científicos que coordina el experimento estudia a los participantes y decide si su perfil psicológico responde mejor a un rol o al otro. El experimento real pretendía demostrar lo contrario, que es el rol que tienen que asumir el que modifica el comportamiento e incluso el aspecto que percibimos de las personas; en la realidad los presos llegaron a pensar que los guardianes habían sido seleccionados por su mayor robustez o su carácter más dominante o su habilidad para el liderazgo cuando en realidad se trataba de una cuestión de puro azar.

La película sí se acerca a la realidad cuando describe los métodos empleados para despersonalizar la relación entre guardianes y presos, los límites en esos métodos (no se podía emplear la violencia física), y su gran eficacia, puesto que el primer día los fingidos guardias fueron capaces de sofocar un motín y consiguieron tener a sus no menos fingidos prisioneros obedientes y disciplinados en poco tiempo. Pero también la película es fiel al experimento real al tratar sobre las preocupantes consecuencias de esta imposición de la autoridad: no tarda en producirse una escalada en las humillaciones empleadas para reducir a los prisioneros rebeldes ni en surgir actitudes realmente sádicas entre los carceleros. De hecho, el experimento tuvo que abortarse a los seis días cuando debería haber durado catorce.

Evidentemente este estudio, que pretendía demostrar que el comportamiento depende más de las circunstancias y del entorno que de la propia personalidad, fue objeto de críticas éticas y morales: de hecho los participantes, al menos en la película, tuvieron que firmar una declaración en la que renunciaban durante el experimento a parte de sus derechos civiles; mis conocimientos sobre leyes son elementales pero no creo que un contrato de ese tipo pueda ser legal. Se dudó también de su valor científico, al no existir observadores neutrales, haber un alto grado de subjetividad en su valoración y ser muy difícil de reproducir por otros investigadores. Lo cierto es que se trata de una experiencia de un gran potencial dramático que la película no explotaba, dando a la historia un tratamiento comercial y convirtiéndola en una cinta de acción con un héroe y un antagonista.

08 enero 2008

Aire: oxígeno, nitrógeno y argón

Sin que sirva de precedente (o tal vez sí) hoy cambiamos las películas por canciones. Aire: oxígeno, nitrógeno y argón es el estribillo de una conocida canción de Mecano (que, curiosamente, nunca fue single, sino cara B de Busco algo barato, tema bastante olvidado hoy en día) que me hizo creer en mi infancia que el aire estaba compuesto principalmente por oxígeno, nitrógeno y argón en ese orden de importancia. Por si alguien más se ha preguntado si lo que dice la letra es o no correcto, lo cierto es que el nitrógeno es el primerísimo componente del aire, al que aporta más de un 78 % de su volumen y un 75 % de su peso. Pero, cualitativamente hablando, es más importante el oxígeno, puesto que es lo que respiramos; actúa de comburente de los alimentos que ingerimos (es decir, los quema) y de esta combustión obtenemos la energía que nuestro organismo, que en buena medida es una máquina térmica semejante al motor de un coche, necesita. El oxígeno no supone más que alrededor de un 21 % del aire en volumen (23 % en peso); esto supone que para respirar la cantidad de oxígeno que necesitamos tenemos que introducir en nuestro aparato respiratorio una cantidad casi cuatro veces mayor de nitrógeno que sirve más bien para poco y que tenemos que gastar energía en calentar: es un proceso de muy bajo rendimiento pero mejor que sea así, ya que un contenido mayor de oxígeno en la atmósfera podría convertir el planeta en un polvorín de riesgo de incendio y explosión continuos.

Comparado con sus otros dos compañeros, el argón es prácticamente insignificante, no supone ni el 1 % del contenido total de gases existentes en el aire, aunque sí es el primero del largo furgón de cola de gases secundarios que respiramos. Se trata de un gas noble, es decir, un elemento muy estable que no reacciona con ningún otro; el aire contiene otros en menor proporción, como el helio, el neón, el xenón o el kriptón (todos ellos situados a la derecha en la tabla periódica); los otros gases presentes en la atmósfera son, naturalmente, compuestos contaminantes (hidrocarburos y cenizas) o causantes de efecto invernadero (dióxido de carbono). Así pues, la presencia del argón en la canción de Mecano al mismo nivel que el oxígeno y el nitrógeno se debe más que nada a cuestiones eufónicas. Por cierto, hablando de la letra de esta canción, por la forma algo peculiar de cantar de Ana Torroja no entendía la estrofa final y no fue hasta hace no mucho que me di cuenta de que decía no faltéis al funeral, es decir, el narrador era un muerto, como en El crepúsculo de los dioses.

23 diciembre 2007

Al final del calendario

Nos encontramos en fechas navideñas; como la mayoría de lectores sabrán, la navidad es una cristianización de la fiesta de celebración del solsticio de invierno, por lo que está más relacionada con la ciencia de lo que parece. Además estamos también en los últimos días del año. Es también cultura general que un año es el periodo que tarda la Tierra en dar una vuelta al sol, mientras que un día es el tiempo que nuestra planeta emplea en girar en torno a sí mismo, un movimiento que es aproximadamente 365 veces más rápido, y de ahí que ese sea el número de días que tiene un año. Más o menos, porque la relación entre los dos periodos no es un número entero, el valor real es algo mayor que 365, aproximadamente 365,25 y de ahí que cada cuatro años el desfase sea de un día y surja un año bisiesto. Pero tampoco esa cantidad es exacta, y de ahí que de cada veinticinco años que deberían ser bisiestos uno no lo sea, que es el del comienzo de cada siglo; pero eso volvería a producir un pequeño desfase, por lo que uno de cada cuatro principios de siglo sí debe ser bisiesto. Que lio. Es decir, los años 1700, 1800 y 1900 no fueron bisiestos y sin embargo 2000 sí. 2400 volverá a ser bisiesto, a diferencia de 2100, 2200 y 2300. Si la humanidad consigue durar lo suficiente, seguramente volverán a ser necesarias otras modificaciones en los años bisiestos para conseguir un ajuste más perfecto.

Como sabemos, más imperfecta todavía es la cuestión de los meses; para tener un buen correspondiente científico, un mes debería ser el periodo de un ciclo lunar, que como es bien conocido consta de cuatro fases: luna nueva, luna llena, cuarto creciente y cuarto menguante. Cada una de esas fases dura una semana por lo que un mes perfecto debería tener cuatro semanas; sin embargo de esa forma no conseguimos un número exacto de meses al año, por lo que llevamos a cabo ese curioso reparto de meses de 30, 31 y 28 días. Los judíos y musulmanes sí siguen meses lunares pero tampoco esto es la panacea, puesto que los ciclos de la luna no son completamente regulares por lo que es necesario introducir ajustes como en el caso de los años bisiestos.

Una última curiosidad: los días de la semana llevan los nombres de la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter y Venus, es decir, los cuerpos celestes visibles desde la tierra. Esto es así en todas las lenguas europeas (en las germánicas sustituyen a los dioses romanos que dan nombre a los planetas por los de su mitología) salvo en portugués, donde no se complican la vida y les llaman sencillamente segunda-feira, terça-feira, quarta-feira, etc.

¿Y esto tiene algo que ver con el cine? Ejem, pues sólo se me ocurre como excusa el curioso título de una película de Fassbinder, El año de las trece lunas, es decir, trece fases de la Luna en lugar de doce. Además de que quería poner alguna entrada que me sirviera para felicitar las navidades y el año a los lectores. Un saludo y os deseo lo mejor para todos.

16 diciembre 2007

Clever: ¿divulgación científica?

El otro día me encontré en la tele con el programa de Telecinco Clever, en el que los concursantes deben adivinar cuestiones relacionadas con la ciencia y que creo que va un poco en la línea, o al menos me da la impresión de que explota la misma idea, que los juegos de agilidad mental que parecen estar de moda ahora, uno de ellos anunciado incluso por Nicole Kidman. No vi más que una media hora del programa así que tampoco puedo emitir un juicio categórico al respecto, pero si me preguntaran si lo que estaba viendo se trataba de divulgación científica, habría dicho que no. Y creo que respondería lo mismo respecto a revistas del mercado tipo Muy interesante y sus imitaciones.


En mi opinión (que nadie tiene que compartir y ahí está la sección de comentarios para que otros den la suya) para decir con propiedad que alguien o algo están llevando a cabo divulgación científica creo que debería haber detrás una intención didáctica: es decir, no sólo exhibir un fenómeno espectacular que tiene una base científica detrás, sino pretender ir más allá del espectáculo y que el público comprenda esa explicación científica; para eso no hace falta entrar en grandes complejidades ni profundizar, de hecho al contrario, cuanto más sencillo y resumido mejor se entiende. Así que no me quejo de que revistas y programas de televisión de este tipo no sean lo suficientemente exhaustivos, sino más bien al contrario, no me gusta que intenten ocultar su superficialidad utilizando un lenguaje rebuscado que les quita la utilidad didáctica que podrían tener.

En Clever hay un experto, o tal vez un actor que hace ese papel, que explica el fundamento del fenómeno espectacular que se acaba de mostrar, pero que, o bien no tiene interés en que le comprendan o bien lo hace de forma bastante torpe. Por ejemplo, una de las preguntas era si el sol broncea más nuestra piel estando en la nieve o en la playa (por supuesto, la prueba se ilustraba con una atractiva modelo en bikini supuestamente sometida a ambas radiaciones); para explicarlo el científico del programa se ponía a hablar del albedo, un concepto que, pese a ser ingeniero y haber estudiado en la carrera dos asignaturas anuales bastante amplias de física general y campos y ondas, no me sonaba de nada y que, cuando supe lo que era, tampoco me aportó nada nuevo. El albedo es el porcentaje que se refleja respecto al total de energía que recibe una superficie. En un programa de televisión destinado a público en general podría decirse simplemente que la nieve refleja casi toda la energía que recibe del sol y por lo tanto nos broncea más que el agua del mar, que absorbe un porcentaje importante, sin ninguna necesidad de utilizar terminología espesa, hermética y terriblemente pedante por lo innecesaria; me imagino que el público que oye hablar del albedo y al que le muestran una gráfica con los albedos de la nieve y el agua no entenderá ni jota pero le parecerá, eso sí, que ese señor que emplea palabras tan raras debe saber mucho. El divulgador debería de intentar tender un puente al público para que se acerque a la ciencia en lugar de recalcar utilizando un vocabulario hiperespecializado la distancia que le separa de los profanos.

Clever me parece una oportunidad desaprovechada, como lo fue en su día Waku Waku, luego rebautizado Jimanki Kanana, un programa sobre animales que dirigía Narciso Ibañez Serrador, en el que todo consistía en preguntas graciosas pero más bien tontas acerca de si el mono conseguiría o no comerse el plátano mientras que, sin quitar para nada el entretenimiento, se podría haber conseguido que los espectadores aprendiéramos algo sobre zoología que trascendiera la mera anécdota. Naturalmente, Clever está muy por encima del 95 % de la programación del canal que lo emite (lo cual tampoco es decir nada en absoluto) y no niego que pueda ser un buen programa de entretenimiento pero la divulgación científica, al menos para mi, es otra cosa.

24 noviembre 2007

El coloso en llamas: ¡Fuego!

Cuando se pusieron de moda las películas catastrofistas en los años 70, una de las que reunió a un mayor plantel de estrellas en su reparto fue El coloso en llamas (1974), que trataba sobre un edificio de lujo pasto del fuego Al menos que yo recuerde, y reconozco que la cartelera de los últimos años no es mi fuerte, esta película todavía no ha tenido remake, a diferencia de La aventura del Poseidón. No lo ha tenido ni debería tenerlo, porque al menos quiero pensar que si se plantea otra película con esta temática, el origen de las llamas tendría que ser un atentado y no sería verosímil que ocurriera por una simple negligencia, como era aquí el caso.

Por lo general, los fuegos de origen eléctrico son debidos a cortocircuitos. Ya expliqué con detalle en otra entrada lo que es un cortocircuito, ahora sólo resumiré que cuando se ponen en contacto dos cables conectados a una tensión diferente, como pueden ser los dos polos de un enchufe, la ausencia de resistencia al paso de la corriente hace que ésta se dispare hasta quemar los cables y toda la instalación si aquélla no dispone de los mecanismos adecuados de protección que corten el suministro. Vi la película hace años y no recuerdo mucho, ahora estoy leyendo en algunos resúmenes de la trama que el incendio se producía por no utilizar los cables adecuados. Si era así, la negligencia ya sería de juzgado de guardia: los cables eléctricos son más gruesos cuanta más corriente tenga que pasar por ellos. Si dimensionamos la instalación de forma errónea utilizando cables de menor diámetro del necesario, estos no podrán aguantar el paso de la corriente sin quemarse. Es un error un tanto burdo, puesto que basta con consultar las tablas que trae el Reglamento de Baja Tensión o cualquier manual de instalador, donde se indica el diámetro mínimo de cable necesario para cada valor de la intensidad.

Una vez iniciado el incendio, en la época de El coloso en llamas apenas se habían desarrollado las normativas o reglamentos de protección contra el fuego. En España funciona desde los años 90, salvo que ya la hayan renovado, la NBE (norma básica de la edificación)- CPI 96, que establece una serie de reglas para facilitar la detección de un incendio, minimizar sus efectos y sofocarlo lo antes posible. Algunas afectan a la arquitectura del edificio, otras a la ingeniería, que sería la instalación contra incendios. Entre las primeras podemos destacar:

- que los elementos constructivos del edificio deberían tener una resistencia mínima al fuego, que se mide por unos códigos muy sencillos. Un muro RF-60 quiere decir que evita la propagación de un incendio durante 60 minutos, después de los cuales empieza a derrumbarse o al menos a filtrar el humo. Una puerta RF-120 aguantará dos horas antes de dejar pasar el fuego; eso debería ser tiempo suficiente para la llegada de los bomberos.

- otro aspecto muy importante es la adecuada compartimentación del edificio, es decir, poder aislar la zona donde se está propagando el fuego y permitir que los ocupantes puedan salir por otra zona segura. La división en sectores se lleva a cabo por medio de las famosas puertas cortafuegos.

- la evacuación además debe facilitarse mediante escaleras amplias y bien diseñadas, que no sea fatigoso bajar. Además las puertas deben abrirse hacia fuera y de forma manual; muchos garajes en los que no se puede salir sin llave incumplen esta normativa.

Eso respecto a la arquitectura del edificio. La instalación contra incendios, por su parte, trabaja en tres direcciones:

- señalizar mediante pegatinas informativas y luces la situación y dirección de la puerta de salida más próxima o la ubicación de los aparatos de extinción.

- detectar la presencia de fuego mediante detectores de humo (los más habituales) y de calor, así como avisar de la formación de un incendio mediante las alarmas.

- sofocar el incendio mediante extintores, mangueras enrolladas en el interior de una urna llamada BIE (boca de incendio equipada) o rociadores que emiten agua desde el techo.

Naturalmente toda esta instalación se llevará a cabo sólo en hospitales y edificios públicos o muy grandes y con mucha ocupación; en un edificio de viviendas normal, exceptuando el garaje, sólo deben cumplirse las medidas de protección arquitectónica y la colocación de extintores en las zonas comunes del inmueble.

Por último, ¿con todas estas normas de seguridad como pueden vivirse remakes reales de El coloso en llamas como lo del edificio Windsor de Madrid? Pues deberían hacer una película que lo explicara.

12 noviembre 2007

Cuando el coche no arranca

Una de las escenas más tópicas en películas de acción o de suspense es la del personaje que tiene que escapar de un sitio a toda velocidad y se encuentra con que el coche no arranca. Es uno de los trucos de guión más fáciles para crear emoción haciendo que el motor consiga ponerse en marcha en el momento límite o para desembarazarse de personajes secundarios haciendo que el encendido no funcione ni siquiera en el último momento. Si hacemos caso a las películas, los problemas de arranque son exageradamente frecuentes en los motores y además son casi los únicos que existen, salvo alguna que otra vez que alguna de las piezas se quema y hay que parar en mitad de la carretera con el coche echando humo. Los que hemos conducido vehículos viejos sabemos que existe otra amplísima gama de problemas que pueden surgir en carretera, aunque sí es cierto que el encendido es el punto más delicado y complicado del funcionamiento del motor.

Entrando más en detalle, conviene explicar que el encendido de los coches de gasolina es muy distinto al de los Diesel. Los coches de gasolina siguen el modelo de motor diseñado por un señor alemán llamado Otto a finales del siglo XIX: en ellos el cilindro comprime una mezcla de gasolina y aire. Cuando el cilindro se encuentra en el punto final de su recorrido o carrera se aproxima una chispa que hace que la mezcla prenda. La rápida combustión de la gasolina empuja al cilindro hacia atrás, y éste, a través de una serie de bielas, transmite ese movimiento al cigüeñal y este a su vez, a través del sistema de transmisión, a las ruedas del vehículo. La clave está en que la combustión no se convierta en una detonación que pueda estropear el motor; que esto ocurra o no, depende de la calidad del combustible, que en este apartado se mide por el número de octanos de la gasolina (cuantos más octanos, más calidad de la gasolina y menos sufrirá el motor en las combustiones). El encendido en los motores de gasolina, sobre todo en coches antiguos, es complicado cuando están fríos, ya que el combustible tiene serios problemas para vaporizarse. Esto se arregla regulando la proporción de gasolina y aire en la mezcla con el starter, que deja pasar más combustible (enriquece la mezcla, como se dice) para que arda más fácilmente.

En un motor Diesel (inventado por otro señor alemán del mismo nombre) el proceso es esencialmente el mismo con la diferencia de que lo que se comprime en el pistón no es una mezcla de aire y gasolina, sino aire nada más. En el momento en que éste se encuentra más comprimido (en realidad un poco más tarde, porque la combustión es mejor si existe un cierto retraso en el encendido) se inyecta el combustible que, al encontrarse a tanta presión, arde rápidamente desencadenando todo el proceso. Al no haber bujía, starter ni mezcla que regular, el encendido es menos problemático que en los motores de gasolina, siendo la principal dificultad el regular bien los inyectores de combustible.

Todo este proceso necesita de la electricidad que suministra la batería, que en los motores de gasolina alimenta a la bujía que crea la chispa mientras que en los Diesel se encarga de elevar la temperatura para que se pueda facilitar la combustión. La batería sólo es necesaria en el encendido, el resto del tiempo el coche toma su electricidad del alternador, que es quien se encarga además de recargar la batería. El alternador transforma el movimiento del coche en electricidad que alimenta la batería; de ahí que si el motor no arranca, podemos hacerlo funcionar empujando el coche: forzando el movimiento del motor, el alternador puede generar electricidad, recargar la batería y conseguir el encendido del vehículo.

La película que más se me viene a la mente al pensar en vicisitudes al volante es Dos en la carretera, en la que, además de a Albert Finney y Audrey Hepburn consiguiendo arrancar el coche a base de empujarlo, veíamos al pobre vehículo arder en otra escena. ¿Por recalentamiento debido a la ausencia de refrigerante? Es lo más probable. Quien quiera consultar todos estos temas, no sólo dispone de información en Internet sino en el propio manual de conducir, que al menos antes incluía un capítulo de mecánica que, por cierto, todo el mundo se saltaba en la autoescuela.

29 octubre 2007

eXistenZ: ¿qué fue de la realidad virtual?

La historia de los fracasos de la tecnología puede ser tan instructiva como la de sus éxitos. A todos nos suena familiar haber oído hablar de alguna innovación que supuestamente iba a cambiar nuestra vida y que todo el mundo olvidó en unos pocos años. En mi opinión (que nadie tiene por qué compartir) el mayor fracaso de la tecnología en el siglo XX, comparando las expectativas surgidas con los resultados finales, fue la energía nuclear. Otro fiasquillo menos sonado fue el Laser Disc, que hoy nadie recordará ni mucho menos planteará como posible alternativa al arrasador DVD; y creo que se podría añadir a la lista una forma de ocio que hace unos quince años, justo antes del boom de Internet, se anunciaba a bombo y platillo: la realidad virtual. Los medios de comunicación nos vendían en los primeros años 90 la imagen de gente provista de guantes y gafas que les permitían vivir fantasías y habitar mundos virtuales . El cine le sacó partido en una serie B basada en un relato de Stephen King, El cortador de césped, y también se jugaba con esa idea en la famosísima Matrix, en la que toda la humanidad estaba viviendo una existencia virtual mientras permanecía en estado vegetativo.

Tal vez este tipo de realidad virtual llegue a desarrollarse en el futuro, pero en todo caso por ahora lo está haciendo a una velocidad mucho más lenta de lo que nos habían dicho. La razón es muy sencilla: se trata de una tecnología muy cara en comparación con otra realidad virtual a la que algunos llaman no inmersiva, porque no necesita cascos, gafas ni trajes, y que no es otra que Internet. Ahora mismo está usted leyendo un cuaderno virtual y a continuación navegará por una comunidad virtual, es decir, un portal de Internet, o se meterá en un chat lleno de habitaciones virtuales. Es posible que, cuando esta realidad virtual "light" deje de ser una novedad, la evolución lógica camine hacia una tecnología cada vez más envolvente y aislante de la realidad (¿o deberíamos decir de la otra realidad?). El caso más extremo lo planteaba eXistenZ, un film de David Cronenberg de 1999, que junto con mi película favorita, Videodrome (1983), del mismo autor, constituye un ambiguo, complejo y más que interesante díptico sobre la relación entre tecnología y sociedad. eXistenZ hablaba de un juego virtual al que había que conectarse físicamente, es decir, el hardware se introducía en el organismo de los participantes a través de un biopuerto; el jugador no sólo podía interactuar con elementos virtuales sino también con los otros participantes, toda una evolución de los foros, comunidades y juegos on line que existen ahora. El tiempo dirá si eXistenZ, película que todo interesado en la tecnología debería ver, es una obra visionaria o no; hasta el momento Virtual boy, un intento de realidad virtual envolvente desarrollado hace años por Nintendo, fue un fracaso comercial, pero eso no quiere decir que la idea no pueda ser actualizada y recuperada en el futuro.

16 octubre 2007

Hace un millón de años y 2001: tecnología prehistórica

Hace un millón de años es el título de una serie B de importante éxito de taquilla en los años 60 que convirtió en estrella y sex-symbol a Raquel Welch. Se trataba de una especie de peplum que se remontaba mucho más atrás en el tiempo y cambiaba la antigüedad clásica por la edad de piedra. La verosimilitud científica no era precisamente la mayor preocupación de sus guionistas, que mostraban alegremente a seres humanos luchando con dinosaurios, unas especies separadas por 65 millones de años.

Retrocediendo un millón de años en el tiempo la primera duda que surge es la de si podemos llamar humanos a los antepasados nuestros que poblaban la Tierra en ese momento. Nuestra especie, el homo sapiens sapiens tiene aproximadamente 250.000 años de antigüedad según los antropólogos mientras que el género homo se distingue del resto de los primates desde hace unos dos millones. Entre esas dos fechas es complicado marcar el momento en el que la inteligencia de los homínidos se hace lo suficientemente compleja para considerarlos seres racionales. 2001 una odisea del espacio, de la que ya hablamos en una de las primeras entradas del blog, abordaba en su parte inicial este momento del origen del hombre, asociando la condición de humano al uso de herramientas. La famosa elipsis de cientos de miles de años entre el hueso que vuela por el aire y la nave espacial que surca el espacio es acertada en el sentido de que tanto una cosa como la otra son tecnología, de la más primitiva a la más avanzada. No obstante, los científicos se han encontrado con que la capacidad de transformar los recursos naturales en herramientas no es exclusiva de los humanos. Otras especies de primates, especialmente los chimpances, son capaces de emplear utensilios, generalmente para alimentarse, e incluso de crearlos a partir de ramas, piedras y demás elementos de su medio natural. Por lo tanto no es correcta la asociación de la película entre historia del hombre e historia de la tecnología, puesto que esta última nos precede.

Otro aspecto muy enigmático del origen de nuestra especie es que no seamos los únicos seres racionales que hayan existido. Aunque se trate de un aspecto discutido y controvertido, en parte porque representa un fuerte golpe al concepto tradicional del humano como especie única y singular, el famoso hombre de Neanderthal parece haber sido una especie diferente al homo sapiens que convivió con éste y que se extinguió por razones desconocidas. Así pues nuestros antepasados podían ver vida inteligente a su alrededor distinta de ellos mismos y sin tener que soñar con seres extraterrestres. Sería muy interesante saber cómo fue la relación entre las dos especies y si los neanderthalensis fueron conscientes de su extinción, de su particular fin del mundo. Hay científicos que piensan que no desaparecieron sino que su ADN se acabó mezclando con el de los sapiens porque la diferencia entre las especies no era lo suficientemente fuerte como para impedirlo.

Pocas películas se adentran en estos principios de la humanidad por el reto que supone plantear una historia sin más diálogos que unos cuantos gruñidos. Una de las excepciones es En busca del fuego (1982), que trata del viaje de una tribu en busca de una hoguera que no se extinga y que, de forma más verosímil que Hace un millón de años, introduce en la historia animales que sí convivieron con el hombre como mamuts o tigres de dientes de sable; estos últimos poblaron y dominaron al parecer en otros tiempos el territorio que hoy ocupa Madrid.

30 septiembre 2007

Mi Idaho privado: trastornos del sueño

Hoy volvemos a hablar de estas enfermedades curiosas que se ven a veces en las películas. Mi Idaho privado (1991) era una película independiente de Gus Van Sant en la que River Phoenix, el hermano del hoy en día famoso Joaquin Phoenix que murió poco tiempo después de estrenar este título, interpretaba a un joven que padecía narcolepsia, un trastorno del sueño. La narcolepsia es lo contrario del insomnio, quien la padece sufre una excesiva somnolencia durante el día y se duerme de forma repentina y sin poder controlarlo. Los ataques de sueño pueden ser peligrosos porque en la mayor parte de los casos van acompañados de cataplejia, es decir, los músculos dejan de responder: el enfermo se cae de sueño literalmente. Si no está alguien con él en el momento en que el sueño ataca, cae de bruces y puede golpearse, por lo que la película no exageraba cuando River Phoenix se desvanecía de repente. La narcolepsia es poco frecuente pero tampoco excesivamente rara, afecta a alrededor de una de cada mil personas, y es genética, por lo que los familiares de enfermos deben estar atentos a la hora de detectar síntomas de este trastorno en ellos mismos o en sus hijos.
Existe otra película que ha utilizado la narcolepsia como recurso dramático: se trata de 20 centímetros, un musical español dirigido por Ramón Salazar. No la he visto, pero al parecer trata de un transexual que padece esta enfermedad y que en sus ataques de sueño se convierte en la persona que desea ser: una mujer aguerrida capaz de cantar bien en varios idiomas. Aunque los sueños del enfermo de narcolepsia no tienen que ser ni más ni menos apacibles que los de cualquiera, sí es cierto que son más intensos, puesto que la fase REM de sueño profundo, que es la parte en la que soñamos, comienza de forma casi instantánea en ellos, sin duermevela previa.

13 septiembre 2007

Sandra Bullock y Whoopi Goldberg: predecesoras de Internet

En 1995, justo antes de la popularización de Internet, se estrenó una de las películas que más acertadamente se adelantaron a su tiempo: La red, en la que Sandra Bullock interpretaba a una programadora informática que apenas tenía vida social real y se limitaba a comunicarse con amigos virtuales. Además era víctima de una conspiración en la que suplantaban su identidad con la de una delincuente fichada por el FBI. Esto, que en su día podía verse como algo exagerado, se acerca cada vez más a la realidad. Hoy no son sólo los informáticos de profesión sino muchas personas de las más diversas edades y condiciones las que están enganchadas a la red; la línea que separa el uso del ordenador como herramienta habitual a la vez de trabajo y de ocio y la adicción patológica a los chats y programas de mensajería instantánea (messengers) cada vez es más difícil de delimitar. Y los trámites y actividades que se llevan a cabo a través de la red van también en aumento; efectivamente, la manipulación total de los datos de una persona a través de la informática es cada vez una posibilidad menos descabellada, sobre todo en Estados Unidos, donde no existe el DNI.

En Jumpin jack flash (1986) Whoopi Goldberg utilizaba un antepasado de Internet para comunicarse con un desconocido; y es que las redes que comunican ordenadores son muy anteriores a la explosión de Internet. En los años 80, e incluso antes, se utilizaban redes para comunicar unos ordenadores con otros remotos pertenecientes a la misma compañía o administración; Internet consistió simplemente en fundir todas las pequeñas redes existentes en una enorme red global (world wide web). Pero ojo, Internet (que se pone en mayúscula porque es un nombre propio) es más que la WWW o World Wide Web; es el conjunto del servicio WWW y de otros como la descarga de archivos, el correo electrónico, las conversaciones o chats, etc.


¿Cómo se comunican unos ordenadores con otros? Pues se hablan entre sí mediante lo que se conoce como protocolos; el más importante de estos es el protocolo IP, que es el que permite a las redes locales acceder a la red global. Cada ordenador lo hace mediante un número que es la famosa dirección IP, algo así como la red telefónica en la que cada receptor tiene un número que lo identifica. Otro protocolo muy conocido es el famoso HTTP, protocolo de transferencia de hipertexto; un hipertexto es un texto enriquecido con imágenes, contenido multimedia y enlaces o links a otros hipertextos: es decir, un hipertexto es una página web. Existe también el protocolo FTP, de transferencia de ficheros, que utilizamos siempre que nos descargamos archivos a nuestro ordenador. A muchos lectores les sonarán también otros protocolos como el POP o el SMTP, para correo electrónico.

Otras siglas familiares para muchos, DNS, no representan a ningún protocolo, sino a una base de datos que asocia direcciones IP con dominios de Internet, y que nos facilita mucho las cosas a la hora de movernos por la red. Por ejemplo, es mucho más fácil escribir google.com en nuestro navegador de Internet que tener que teclear la dirección IP del servidor donde está alojado google, 216.239.39.104, pero si teclean ese número en la barra de direcciones de su navegador, se conectarán igualmente a google.com. El DNS es la base de datos que relaciona cada IP con su dominio de forma muy parecida a como funciona la agenda de un teléfono movil, que asocia números difíciles de recordar con nombres de persona.

31 agosto 2007

Hardware, programado para ...

Hace poco me he dado cuenta con no poca vergüenza de que en más de un año y medio de existencia del blog no hay en él ni una sola entrada relativa a una tecnología tan obvia como la informática; para remediarlo empezaré por el primer concepto que les explico a mis alumnos cuando empieza el curso. Cuando se estrenó la película Hardware: programado para matar (1990) creo recordar que el término me sonaba pero no creo que tuviera nada claro lo que significaba. A mis alumnos les ocurre lo mismo y es probable que a algunos de los lectores del blog también; se le llama hardware a cualquier componente físico de un ordenador, es decir a todas las partes que podemos ver y tocar. Algunas son internas, como el disco duro, la memoria RAM o la placa base, y otras externas, a las que se suele llamar periféricos, como el teclado, el ratón, la impresora, la webcam, etc.

Lo opuesto del hardware es el software, que es el nombre genérico que reciben todos los programas utilizados por el ordenador. El más importante de ellos es el sistema operativo (siendo los tres sistemas operativos más importantes, o al menos más famosos, Windows, Linux y MacIntosh) del que depende el funcionamiento del resto del software: los procesadores de texto, hojas de cálculo, bases de datos y demás programas ofimáticos, los editores de imágenes, los reproductores de video y audio, los juegos y largo etcétera. El software es intangible, podemos ver y tocar el CD en el que está grabado un programa, pero no el programa en sí, que de forma muy resumida podemos decir que no es más que una larguísima serie de números binarios o bits.

Los famosos bytes, antiguamente llamados palabras, son conjuntos de ocho bits, es decir, de ocho ceros y unos. A diferencia de los números decimales con los que trabajamos habitualmente, los números binarios son fácilmente traducibles para un sistema electrónico; por un circuito puede pasar corriente (1) o no pasar (0); combinando muchos circuitos tenemos muchos ceros y unos, muchos bytes. Si llegamos a 1024 bytes hablaremos de 1 kilobyte (Kb), 1024 Kb a su vez constituyen 1 Megabyte (Mb) y 1024 Mb 1 Gigabyte (Gb). ¿Por qué 1024 y no 1000? Porque 1024 es una potencia de 2, multiplicando 2 · 2 · 2 · 2 ... llegamos a 1024.

Para acabar con lo de software y hardware, cuando compramos un periférico como una impresora, siempre hace falta llevar a cabo una instalación hardware, es decir, conectar la impresora al ordenador a través de un puerto u orificio de la torre (hoy en día normalmente a través de un puerto universal o USB), y una instalación software, que se lleva a cabo con el driver o CD que viene con la impresora. Los nuevos sistemas operativos realizan por sí mismos en muchas ocasiones la instalación software sin necesidad del driver, es decir, detectan automáticamente el periférico y lo instalan solos.

La película Hardware, de todas formas, hablaba de robots más que de ordenadores, pero no cambia nada, siguen siendo sistemas electrónicos basados en código binario, es decir, en programas, y el robot en sí es un hardware o soporte físico capaz de leer estos programas y de actuar en consecuencia. Sí, varios personajes de La guerra de las galaxias y Blade runner eran hardware, por duro que suene.

22 agosto 2007

Más simple que un botijo

No me viene a la cabeza ninguna película en la que salgan botijos, pero si uno lee críticas de cine en la prensa o comentarios que deja la gente en internet tras ver una película es muy frecuente que digan, sobre todo refiriéndose a cine comercial, que el guión o los personajes son más simples que el funcionamiento de un botijo. Ahora bien, si replicáramos ¿Ah sí? ¿Y cómo funciona un botijo? tal vez dejaríamos a algunos de estos listillos sin saber qué decir.

De hecho, mucha gente piensa que un botijo funciona como un termo, que simplemente mantiene el agua fría por tener paredes gruesas que aislan su contenido del exterior. Frío, frío, no va por ahí la cosa. El botijo no sólo evita que el agua se caliente sino que de hecho la enfría, baja su temperatura. Y como casi cualquier otro sistema de refrigeración, el botijo funciona por evaporación del agua. El material con el que está hecho es muy poroso y por lo tanto capaz de filtrar el agua, la cual, en contacto con el ambiente seco exterior, se evapora. Para evaporarse necesita absorber una gran cantidad de calor y la obtiene del líquido que ha quedado en el interior del botijo. Es un mecanismo muy similar al que tiene lugar cuando sudamos; cuando el aire evapora el sudor de nuestra piel, las gotas obtienen el calor necesario para pasar a estado gaseoso del interior de nuestro organismo, dejándonos mucho más fresquitos. El botijo solamente puede funcionar en climas muy secos donde el agua se evapore fácilmente, de ahí que no sea conocido en otros países más fríos y sea mucho más típico del sur que del norte de España.

El botijo es un curioso producto tecnológico típicamente español que, pese a ser más sofisticado que el también castizo abanico, es víctima del poco interés y poco aprecio que en nuestro país ha despertado siempre la tecnología. Afortunadamente existen excepciones como los museos dedicados a él que hay en Villena y Toral de los Guzmanes. Así que de simple nada, si acaso modesto.

13 julio 2007

Lemming: roedores suicidas

He tenido ocasión de ver Lemming (2005), la segunda y muy interesante película de Dominic Moll que trata de un matrimonio aparentemente perfecto para el que las cosas se tuercen a partir de un hecho tan inexplicable como la aparición en su desagüe de un lemming, un pequeño roedor hervíboro que sólo existe en la tundra y en las regiones árticas, muy lejos de Francia, donde transcurre la acción.

El fenómeno principal que hace famosos a los lemmings, que es un elemento con el que la película jugará más adelante, son los suicidios colectivos que supuestamente protagonizan tirándose en masa al mar desde lo alto de un acantilado. Esta leyenda urbana se debe a un documental producido por la productora de Walt Disney en 1958, White wilderness, sobre la vida en las regiones polares. De pequeño lei una versión en comic de la película y me había impresionado mucho el suicidio masivo de los lemmings, que allí se explicaba como un modo un tanto radical de mantener el equilibrio de la población. Como los animales salvajes no suelen ser buenos actores ni sumisos ante las cámaras, tanto la migración como el suicidio de los lemmings fueron provocados por los autores del documental, que se rodó incluso lejos del habitat natural de los roedores, los cuales tuvieron que ser importados para la ocasión. Nada nuevo en la historia del documental; ya Luis Buñuel había sembrado la polémica al despeñar a una cabra por una montaña para poder filmar la caída "accidental" de la misma en Las hurdes tierra sin pan (1932). La muerte masiva de lemmings no es ningún suicidio sino la llamada de un instinto que les lleva a emigrar cuando su población ha crecido en exceso; dicho instinto no tiene en cuenta si la dirección deseada atraviesa un río o incluso un mar demasiado ancho para que lo puedan atravesar, por lo que los animalejos se tiran de cabeza a la muerte.

La película tenía otro punto muy interesante, que era el proyecto en el que trabajaba el protagonista, una webcam voladora que se podía controlar por ordenador desde muy lejos. Intentaré averiguar si es fácil hacer volar un dispositivo de control tan remoto. Se trata de una producción francesa, de ser española sólo el hecho de que una empresa privada llevara a cabo motu proprio un proyecto de ese tipo ya situaría a la película en el género fantástico ...

29 junio 2007

La furia: escuela de parapsicología

Un tópico frecuente del cine de terror y de ciencia-ficción son los experimentos secretos que el gobierno lleva a cabo con personas "especiales" dotadas de percepción extrasensorial u otras habilidades que salen fuera de lo explicable por la ciencia. Así ocurre, por ejemplo, en La furia, un film de Brian de Palma de 1978 en el que dos jóvenes ingresaban en una especie de escuela de poderes psíquicos para alumnos algo más mayores que los de la academia de brujos de Harry Potter. Varias veces he oído la leyenda urbana de que existen, no sistemas de aprendizaje y desarrollo de las capacidades paranormales tan organizados como los descritos en estas películas, pero sí experimentos llevados a cabo en universidades donde se ha dado constancia de casos reales de telequinesis, telepatía, adivinación, etc.

Lo cierto es (y si alguien tiene pruebas fidedignas de lo contrario le animo a que nos informe de ello) que nunca se han podido verificar tales cosas. La supuesta capacidad de doblar cucharas con el poder de la mente de Uri Geller era un truco bastante sencillo que viene explicado de forma gráfica en este blog; y durante la segunda guerra mundial se intentó utilizar la presunta habilidad de los zahoríes para encontra agua con sus palitos en forma de Y sin ningún exito. Se han llevado también a cabo experimentos en los que un grupo de personas tenía que adivinar el número y palo de una carta de una baraja puesta boca abajo: en efecto, algunos presuntos clarividentes consiguieron adivinar un número significativo de las cartas que se les presentaron, pero no tardó en encontrarse una solución poco sobrenatural al fenómeno: o bien simple estadística, porque si se les hacen las pruebas a muchas personas siempre tendrá que haber alguna que acierte, igual que la lotería siempre le toca a alguien, pero en ese caso el supuesto vidente no será capaz de repetir los resultados de forma sistemática, o bien engaño deliberado, puesto que los científicos no son especialistas en detectar a prestidigitadores o a gente con habilidad en este tipo de juegos de manos.

Frente al tópico de que los investigadores se cierran en banda a la posibilidad de que puedan darse fenómenos que ellos no pueden explicar, es más bien la realidad la que se encarga de desmentir la verosimilitud de los fenómenos paranormales y son los crédulos los que muestran cerrazón al seguir creyendo en ellos. Y la excusa de que los poderes del medium se alteran ante cualquier intento de registrarlos o probarlos .... En fin, evidentemente a ver quien puede demostrar que sea mentira que cuando estoy solo y nadie me mira yo me convierto en Letizia Ortiz; las leyes de la ciencia siempre se cumplen, tanto para el que las conoce como para el que no cree en ellas, y funcionan en cualquier tipo de circunstancia, si los fenómenos paranormales fueran científicos debería de poder aplicárseles estas máximas y parece que no es así. Eso no significa que no haya hechos sumamente curiosos e imposibles ante nuestro sentido común que puedan tener base científica; otro día me detendré en ellos.