14 agosto 2008

El Joker no sabe de bricolaje

Acaba de estrenarse entre nosotros El caballero oscuro, el último capítulo de las aventuras de Batman. Si la película anterior, Batman begins, parecía optar por un tratamiento más realista y desmitificador de los personajes, ésta acepta muchas más convenciones de una obra de género. Sobre cuestiones narrativas ya habrá abundantes debates en foros y webs sobre cine y desde luego es una polémica que no corresponde en este blog, aquí me voy a centrar en cómo este supuesto menor realismo repercute en algunos aspectos técnicos.

En primer lugar, la película comienza por el atraco a un banco por parte de unos esbirros del Joker. Si no recuerdo mal, uno de ellos perfora una de las cámaras del banco con un taladro; hay un plano corto de la herramienta muy breve que me hizo enarcar las cejas porque me dio la sensación de que la broca que utilizaba era una broca para madera. No me voy a pronunciar al respecto porque tendría que volver a ver la película en formato digital para poder ralentizar la escena y asegurarme, pero aprovecho la ocasión para mostrar las diferencias entre brocas de madera, de metal y de pared; ésta es una de pared, la que les será más familiar a la mayor parte de lectores:





He aquí una específica de metal:



Y ésta es para madera. Se puede distinguir fácilmente porque es mucho más puntiaguda, y juraría que es la que empleaban en la película:

La madera es, evidentemente, un material mucho más blando, por lo que una broca de metal o pared se puede emplear con madera sin mayor inconveniente; se podría decir que es un poco matar moscas a cañonazos pero no hay ningún problema. Al revés sí lo hay, la broca de madera se romperá en un material más duro. No sería extraño que el decorado de la película fuese un cartón con apariencia de metal y que utilizaran el taladro que tuvieran más a mano sin comprobar si es o no creíble que estén perforando auténtico metal con esa broca.

Otro aspecto que me chocó es que la banda del Joker deje un dispositivo con apariencia de teléfono móvil en las dependencias de la policía para liberar a un testigo de cargo encerrado en el calabozo; mi memoria es horrorosa y podría ser que no se tratara de la comisaría sino de otro lugar u otro momento de la película, pero el caso es que el tal teléfono emite una extraña señal que bloquea todos los ordenadores e incluso deja al edificio sin luz. Esto sólo se puede concebir desde una confusión entre lo que es comunicación alámbrica e inalámbrica; un dispositivo puede, al menos en teoría, emitar alguna señal que bloquee toda transmisión de datos a través de ondas: los teléfonos móviles, la wifi o cualquier mando a distancia podrían dejar de funcionar, pero ya no veo tan fácil provocar un apagón. La electricidad se transmite mediante cables que se activan o desactivan de forma manual desde un cuadro eléctrico. Por muy sofisticada y moderna que sea la instalación, es inverosímil que sea controlada de forma inalámbrica sin que existan unos interruptores que se puedan activar manualmente en caso de avería. Además, en un edificio público existe siempre un grupo electrógeno que mantiene encendidos los principales ordenadores y el alumbrado de emergencia durante un tiempo bastante razonable.

La única explicación posible a ese apagón total sería crear un campo electromagnético capaz de influir sobre el paso de la corriente a través de los cables de la instalación, lo suficientemente potente además para amortiguar el efecto aislante de los susodichos. Tal vez sea posible, pero de todas formas para que se pueda digerir esto haría falta algún tipo de explicación, puesto que sería un arma de altísima tecnología. Ponerlo sin más, como si fuera algo lógico que con un teléfono pudieras dejar a un edificio sin electricidad, resulta chocante; el cine evidentemente juega con nuestra credulidad como espectadores y tal vez haya que aceptar esta confusión respecto a cuestiones básicas tecnológicas como una convención más del cine de acción, igual que que un fiscal del distrito de corbata de repente se ponga a dar puñetazos como un boxeador profesional que lleva haciéndolo toda la vida, que alguien se golpee contra un cristal haciéndolo añicos sin cortarse él, y largo etcétera.

02 agosto 2008

Las hadas veloces

Fotografiando hadas es una película británica de 1997 de Nick Willing que aborda la fascinación por los fenómenos sobrenaturales en la época anterior a la primera guerra mundial. Trata de un fotógrafo que se enfrenta al misterio de unas supuestas fotografías que muestran hadas y que no parecen estar falsificadas. La película recoge muchos aspectos típicos de las leyendas: las hadas se aparecen en las proximidades de un árbol centenario y sólo pueden ser vistas cuando uno se encuentra bajo la influencia de unas plantas que le permiten percibir la realidad a una velocidad más lenta de lo habitual.

Esta trama es un curioso cóctel de muchas ideas, algunas con cierta base real. En primer lugar la existencia de sustancias en la naturaleza con propiedades alucinógenas o psicotrópicas, algo que prefiero reservar para otra entrada posterior. Luego las limitaciones de la visión; nuestro sentido de la vista es perfectamente adecuado para nuestras necesidades pero no es perfecto. El cine, sin ir más lejos, se basa en la ilusión óptica de continuidad que nos proporciona la vista cuando unas imágenes se suceden a alta velocidad y lo estático se convierte para nosotros en movimiento. Con las hadas de la película ocurriría algo parecido, no son visibles porque vuelan a muy alta velocidad.

Pero aquí surge un problema. Si las hadas vuelan siguiendo trayectorias regulares, lo que veríamos sería como un haz de luz continuo y estático. Cuando un objeto se mueve muy rápido dejamos de apreciar el movimiento, pero no el objeto. La otra contradicción está en que las hadas puedan atravesar en ciertos momentos los cuerpos de los humanos; existen de hecho partículas que no interactuan con la masa, como los neutrinos, y que por lo tanto pueden atravesar tranquilamente nuestros cuerpos sin inmutarse. Pero ello supone que su masa es insignificante y que por lo tanto viajan a velocidades muy próximas a la de la luz. Y que su tamaño será absolutamente ridículo, mucho más pequeño que el de un protón o un electrón, que ya resultan inapreciables. Las hadas de la película, en cambio, tenían el tamaño de unos insectos o pajarillos respetables. Por muy potente que sea el efecto de una planta, difícilmente nos podrá hacer viajar a velocidades próximas a la luz ni permitirnos contemplar partículas de naturaleza parecida a los neutrinos, que apenas tienen masa y que además no reaccionan a fuerzas electromagnéticas; dado que la luz es una onda electromagnética, eso significa que serán invisibles hasta para el mejor de los microscopios.

Pero estos son sólo algunos de los problemas que presenta la invisibilidad; otros, los propiamente ópticos, los dejamos para otro día.

17 julio 2008

La conexión entre gemelos

He visto hace poco en DVD Pacto de silencio (Le pacte du silence, 2003). Se trata de un thriller francés que tal vez haya salido directamente a video entre nosotros, porque la IMDB no menciona ningún estreno comercial en España, protagonizado por el omnipresente Gérard Depardieu y Elodie Bouchez en el papel de un par de hermanas gemelas. Es fácil adivinar como acaban las películas de suspense con gemelos, y el título Pacto de silencio tampoco es que deje lugar a muchas dudas sobre lo que se va a descubrir al final, pero el caso es que esta película juega con la idea de esa conexión casi sobrenatural que se suele decir que existe entre los hermanos gemelos. ¿Tienen alguna base científica estas historias de gemelos que se sienten mal cuando su hermano está enfermo, que sueñan con lo mismo, que notan que el otro tiene problemas estando a miles de kilómetros de distancia, etc., etc.?

En primer lugar una precisión semántica y también biológica: aunque suelen emplearse como sinónimos, mellizos son los hermanos nacidos de un mismo parto sean idénticos o no, mientras que gemelos son solamente los univitelinos, es decir, originados a partir de un embrión dividido en dos al comienzo de la gestación; si esa división en dos no se acaba de completar tenemos a los hermanos siameses. Los mellizos provienen de dos óvulos que resultan fecundados al mismo tiempo por dos espermatozoides distintos: pueden ser de distinto sexo y no tienen más material genético en común que dos hermanos cualesquiera. Sin embargo un gemelo es un clon natural de uno mismo; eso podría hacernos pensar que los hermanos gemelos son la misma persona duplicada y que pueden tener toda esta conexión de la que hablábamos antes.

Pero parece ser que no es así. Tradicionalmente se pensaba que los gemelos tenían exactamente el mismo material genético y que todas las diferencias que pudiera haber entre ellos derivaban del entorno o de los diferentes tipos de vida que hicieran. Pero no es así, son dos personas genéticamente diferentes, más conforme va pasando el tiempo.

Aunque tenemos la idea de que el material genético es inalterable, sólo la secuencia de ácido desoxirribonucleico (ADN) lo es, pero no la cromatina, que es la sustencia que rodea a estos ácidos. Esto origina modificaciones del fenotipo (los rasgos de una persona), que es la expresión de su genotipo (material genético). Aunque en el momento de nacer sean iguales, los gemelos pueden ir diferenciándose en sus rasgos mientras crecen.

Pero al parecer algunos de los últimos estudios sobre este tema se están cuestionando incluso que el propio ADN sea inmutable; al parecer se puede producir un número mayor o menor de copias de algunos segmentos de ADN. Esto hace que a veces un gemelo pueda desarrollar una enfermedad genética mientras su hermano permanece sano o viceversa.

En la cuestión fisiológica, por tanto, no hay mucha base para creer en ese vínculo especial entre gemelos. El aspecto psicológico ya es otra cosa; en ese sentido una de las películas que mejor exploraba la relación entre gemelos, aunque en este caso convirtiéndola en una dependencia obsesiva, era Inseparables de David Cronenberg. Para evitar que el gemelo desarrolle estos problemas de identidad, se recomienda cada vez más incentivar que los hermanos se sientan personas independientes, vistiéndolos de distinta forma, poniéndolos en distintas clases en el colegio, etc.

26 junio 2008

Arcadia: disparar no es tan fácil

Una de las convenciones que aceptamos en las películas, al igual que se puede conducir sin apenas mirar a la carretera, es que disparar armas de fuego es facilísimo. Un pacífico ciudadano que en su vida ha visto una pistola que no sea de plástico de repente tiene que pegarle un tiro a un malvado que viene a matarlo y lo hace sin inmutarse. Nunca he disparado, pero sí conozco gente que por su profesión ha hecho prácticas de tiro y cuentan que, incluso dejando a lado aspectos psicológicos, disparar bien es difícil y que lleva su tiempo acostumbrarse al culatazo que da el arma.

Además de al golpe dado con la culata, se le llama culatazo al efecto que el retroceso del arma tiene sobre quien dispara. Se trata de una aplicación de uno de los principios más básicos de la mecánica, el de acción y reacción. Si golpeamos algo con la mano, la mano nos duele por aplicación de este principio, el objeto golpeado responde a la fuerza que le hemos aplicado con otra igual. En el arma ocurre lo mismo; si el tubo cañón impulsa a la bala con mucha fuerza para que salga, la bala responde empujándolo hacia atrás. En caso de dispararse en el aire, la pistola saldría hacia atrás, como lo hacen los cañones de artillería. Como la pistola la sostiene el tirador, es su cuerpo quien recibe un impacto que, en gente poco experimentada, puede tirarlos al suelo. Además, esta reacción empieza cuando la bala empieza a ponerse en movimiento, antes de que salga de la pistola, por lo que su efecto sobre un tirador poco experimentado le hará casi con toda seguridad alterar la posición de la mano y errar la dirección del tiro. La fuerza de este culatazo varía mucho dependiendo del tipo de arma, de munición y de muchos factores. En estos videos se puede ver el efecto del retroceso en el disparo, en un cañón (con consecuencias bastante espectaculares) y en un fusil.





El cine casi siempre ignora esta complicación, pero en Arcadia, por ser un film europeo, del director Costa Gavras, y más realista que los productos de Hollywood, sí vemos que cuando el protagonista dispara sufre un fuerte tirón en el brazo bastante doloroso. También podemos ver otras consecuencias del disparo; el hombre está hecho un manejo de nervios y le cuesta dominar el temblequeo compulsivo de sus manos. Matar no es fácil ni con la ayuda de armas de fuego.

11 junio 2008

Indiana Jones y las máquinas de efectos encadenados

La navaja en el ojo, fiel lectora y compañera en el blog sobre traducción que ambos dirigimos (o perpetramos), me sugiere que escriba sobre los extraños mecanismos que aparecen en las películas de Indiana Jones. Compuertas que se abren al pisar sobre una roca, piedras que giran, trampas de todo tipo, etc. A todos estos ingeniosos dispositivos se les denomina máquinas de efectos encadenados y la pregunta que surge en estas películas es, en primer lugar, si se podrían haber construido artefactos así en las épocas de la antigüedad que investigan los arqueólogos y en segundo lugar si estas invenciones pueden soportar el paso de tanto tiempo y funcionar.

Una máquina de efectos encadenados es precisamente eso, un mecanismo en el que una parte mueve a otra, esa otra a su vez a una tercera, y así sucesivamente. Lo más enigmático de estos sistemas es cómo a veces aplicando una pequeña fuerza sobre un punto se puede mover una estructura pesada. Este efecto multiplicador de la fuerza se consigue desde que se inventaron, en la época de las primeras civilizaciones, las máquinas básicas, que son las siguientes:

- La palanca. Consiste en una línea que une dos puntos, uno en el que se va a aplicar la fuerza y otro con la resistencia que se quiere levantar o mover, y un tercer punto fijo. Si los dos lados de la palanca son iguales, tenemos un columpio en el que podemos levantar un objeto de nuestro propio peso, lo cual ya no está nada mal. Pero lo mejor es que si colocamos el objeto que queremos mover cerca del punto de apoyo, y nosotros nos ponemos lejos de él, multiplicamos la fuerza y podemos levantar un peso muy superior al nuestro, como en la foto, en la que la bola de 5 kg podría levantar a la de 100 kg. Para entender como funciona esto, podemos pensar en una puerta pesada: pueden hacer la prueba de intentar mover una puerta empujándola cerca de la bisagra (punto de apoyo). Cuesta mucho incluso con una puerta ligera de madera; una pesada de metal resulta casi imposible de mover. Sin embargo, empujando sobre el pomo, que está mucho más alejado, la abrimos fácilmente.

- La polea. Consiste en una rueda en torno a la cual se ata una cuerda. Tiramos de ella por un lado y por el otro colocamos el peso que queremos levantar. La ventaja de la polea es que nos permite tirar de una cuerda en lugar de tener que levantar algo en peso, que es más incómodo.Pero además si la polea no es fija sino que se mueve podemos reducir la fuerza que tenemos que hacer a la mitad, haciendo el techo el resto del trabajo.Colocando dos poleas móviles sólo tendríamos que hacer la mitad de la mitad de la fuerza, y así sucesivamente. Por ejemplo en este mecanismo la fuerza que tenemos que hacer para levantar el peso sería sólo de la octava parte del mismo.

En estas dos máquinas se basan los efectos encadenados, añadiendo claro está el plano inclinado, el uso de superficies en pendiente por donde los objetos caen de forma natural por gravedad. Estas máquinas se han empleado desde las primeras civilizaciones por lo que sí podrían haberse construido en las épocas de las excavaciones que investiga Indiana Jones.

Que se hayan podido conservar en funcionamiento ya es un tema más delicado; en principio es posible por su simpleza, puesto que se basan en leyes de la mecánica elementales y no necesitan mayor mantenimiento, no tienen partes metálicas que se puedan oxidar, etc. Su conservación depende de cómo se haya mantenido su entorno; debido a los procesos que tienen lugar continuamente en nuestro planeta, que producen abundantes movimientos de tierra, etc., la mayor parte de tesoros arqueológicos se encuentran enterrados y resultan difíciles de sacar a la luz. Si la fuerza de estas alteraciones geológicas es demasiada para las estructuras y las construcciones, que acaban sepultadas bajo arena, tanto más para sistemas de palancas, poleas y planos inclinados que son más delicados. Claro que Indy siempre se las arreglará para encontrar un templo enorme conservado intacto, que nadie ha descubierto antes que él, inalterado con el paso del tiempo y donde todos los trucos funcionan.

01 junio 2008

Las hermanas Bolena y XXY: cuestión de sexo

Parece que estas dos películas estrenadas durante el último año no tendrían nada en común, pero el tema de los cromosomas del sexo está presente en ambas. Comencemos por la argentina XXY, la que aborda esta cuestión en su título de una forma más evidente. Se trata de la historia de una chica (o chico) intersexual, lo que hasta hace poco se conocía por un hermafrodita, una persona, no con genitales masculinos y femeninos al mismo tiempo como se suele pensar, sino con genitales difícilmente clasificables como masculinos o femeninos. La intersexualidad es muy poco frecuente pero real, lo erróneo en la película es el título.

El sexo de una persona viene dado por una pareja de cromosomas; si los cromosomas son del mismo tipo (XX) tenemos una niña, si son de distinto tipo (XY) un niño. A veces ocurren alteraciones o aberraciones cromosómicas, esta última expresión un tanto en desuso porque suena muy mal, y en lugar de dos aparecen tres cromosomas. La combinación XXY, a veces denominada síndrome de Klinefelter, no genera intersexuales sino varones que durante la infancia son más o menos normales salvo ciertos problemas para el lenguaje, pero que en la adolescencia desarrollan características "poco viriles" como crecimiento de las mamas, escaso desarrollo de los testículos e incapacidad para producir semen. Muy poco que ver con el caso del que habla la película, una niña intersexual que en la pubertad se plantea si el sexo que le han asignado es el correcto. Las personas con cromosomas XXY, en cambio, son varones y no tienen genitales femeninos, aunque sí caracteres sexuales secundarios del otro sexo.

Según la leyenda, Ana Bolena, una de las esposas del rey de Inglaterra Enrique VIII, fue decapitada por su incapacidad de darle al monarca un heredero varón. Los historiadores actuales, como suele ocurrir, son más prosaicos y piensan más bien que su muerte convenía a los intereses políticos de la época, y supongo que eso será lo que cuente la película de Las hermanas Bolena, que confieso no haber visto. El caso es que la madre cuenta muy poco en la determinación del sexo del bebé, puesto que sus cromosomas son XX y por lo tanto ella siempre va a ceder una X al feto; la clave está en el padre, que tiene una X y una Y: una segunda X dará origen a una niña, una Y a un niño. Por tanto la "culpa" es del padre si en una familia hay demasiadas niñas o demasiados niños. Eso sí, parece que ese cromosoma Y da una mayor debilidad al feto y la mortalidad natural es ligeramente superior en los varones. La madre naturaleza compensa esta tendencia produciendo un número algo mayor de niños que de niñas. Si más adelante los hombres tienen una esperanza de vida menor que las mujeres, se debe a cuestiones culturales y a lo que el antropólogo Marvin Harris denominó el coste oculto del machismo: los hombres sufren más muertes violentas, beben y se drogan más y se cuidan menos.

09 mayo 2008

Despierto: fallo en la anestesia

El thriller Despierto (Awake), estrenado hace unos pocos meses, trataba de un enfermo operado del corazón que recobraba la conciencia durante la intervención quirúrgica. El que la anestesia falle y origine lo que en la jerga médica se conoce como un despertar intraoperatorio es, por razones fácilmente comprensibles, una de las mayores pesadillas de quien va a sufrir una operación. La primera vez que vi algo del estilo fue en uno de los capítulos de Nip Tuck, en el que una de las pacientes era plenamente consciente de estar siendo operada y sufría los atroces dolores del bisturí encontrándose completamente paralizada e incapaz de reaccionar. Pensé que se trataba de una más de las tramas delirantes de esta enloquecida (y genial) serie pero tras ver que la misma idea se repetía en la película he querido documentarme acerca de esta escalofriante posibilidad.

Pues efectivamente se estima que algo más de uno de cada mil pacientes se despiertan mientras están siendo operados con anestesia general y son capaces al recobrar la consciencia de recordar detalles de la operación y conversaciones del equipo médico. Afortunadamente, en la mayoría de casos de awareness, como se denomina este fenómeno en inglés, el despertar no es total y el paciente sólo percibe vagamente algunos sonidos y voces. No es extraño que la consciencia auditiva sea la que más fácilmente se recupera porque también es el oído el primer sentido que se despierta cuando ceden los efectos de la anestesia después de la operación. Menos frecuente es que el paciente sea plenamente consciente y note lo que están haciendo con su cuerpo y aún en estos casos normalmente no existe sensación dolorosa, puesto que junto con los músculos las terminaciones nerviosas capaces de producir dolor están inactivas. Sí existe una minoría de casos en los que la anestesia mantiene los músculos paralizados pero no los nervios y el paciente siente un dolor que no es de extrañar que le cause un importante estrés en el postoperatorio.

Es en las operaciones de corazón donde se produce una mayor incidencia del despertar intraoperatorio, lo cual representa un acierto de la película. La razón es que, debido a los problemas en la circulación de la sangre que plantea intervenir en el corazón, se tiene que recurrir a dosis más bajas de anestesia. También ocurre con mayor frecuencia el despertar cuando la anestesia se administra por vía intravenosa, resultando más segura su inhalación.

¿Cómo se puede prevenir el despertar intraoperatorio? Es más, ¿cómo se sabe con certeza que el paciente está totalmente dormido y que por lo tanto se le puede operar sin riesgo? Existen ciertos síntomas fisiológicos, como medir la frecuencia cardíaca, el lagrimeo o la sudoración, pero no son del todo seguros. Igual que para identificar la muerte, la certeza sólo nos la puede dar la medición de la actividad cerebral mediante un índice llamado BIS o biespectral que valora la depresión del sistema nervioso a partir de los datos de un encefalograma. Aunque esta técnica ha sido recientemente cuestionada por un estudio, hasta al momento se suponía que daba resultados muy fiables, sobre todo en la anestesia introducida por vía intravenosa, que ya vimos que es la que presenta más riesgo de despertar intraoperatorio.

Me atrevo a añadir por mi cuenta y riesgo que no me fiaría demasiado de estudios hechos en Estados Unidos acerca de pacientes traumatizados por haber sufrido dolor durante sus operaciones, puesto que se trata del país de los picapleitos y, dada la dificultad de demostrar si uno ha sentido dolor o no, puede surgir la tentación de demandar al equipo médico, sobre todo en un país en el que no existe sanidad pública y los pacientes tienen que costearse de su bolsillo estas carísimas intervenciones. Una indemnización por negligencia puede sacar al supuestamente despierto durante la operación y a su familia de muchos apuros económicos. Con esto no digo que los despertares no se produzcan porque los datos así parecen afirmarlo, pero francamente me fiaría más de estadísticas hechas en países donde exista la seguridad social.

24 abril 2008

Proyecto dos: Déjà vus con razón de ser

Proyecto dos, que se estrena estos días, es el debut en la dirección de largometrajes de Guillermo Groizard tras un dilatado curriculum televisivo. Se trata de una más que digna aportación del cine español a un género muy poco habitual por aquí, el thriller con toques de ciencia-ficción, como lo fue Abre los ojos en su momento. El arranque de la historia lo constituyen los fuertes e inexplicables déjà vus de un biólogo que sueña muchas noches con Londres, una ciudad en la que nunca ha vivido.

Estos déjà vus (ya vistos en francés), muy impactantes en la pantalla gracias al meritorio trabajo del montador José Ramón Lorenzo, deberían ser llamados déjà vécus (ya vividos) porque generalmente no sólo aluden a imágenes que el cerebro percibe como conocidas, sino también a sonidos, sensaciones, estados de ánimo, etc. Todos los experimentamos alguna vez en mayor o menor medida, aunque son más habituales entre la gente de menos de 25 años, y su causa no está del todo aclarada. Se piensa que se trata, como explica la película, de pequeños fallos del cerebro que nos hacen ubicar erróneamente el presente como pasado, aunque podría consistir sencillamente en una asociación por la cual procesamos toda una experiencia como ya vivida a causa de un sólo elemento, un color, un olor, un sonido, etc. que sí nos resulta conocido. Puesto que todo nuestro aprendizaje se basa siempre en conocimientos anteriores, no resulta extraño que el cerebro a veces se exceda en su trabajo habitual de obtener el todo a partir de una parte. Ni que decir tiene que al no haber todavía una respuesta científica rotunda para explicar el déjà vu, se deja la puerta abierta para las mentes fantasiosas a todo tipo de teorías paranormales, reencarnación, etc.

Aunque entrar en determinados detalles sería destripar demasiado la película, una de las alternativas que plantea el guión para explicar este fenómeno es que se trate de un efecto secundario de la clonación. Si se clonara a un ser humano, ¿el clon reproduciría, aún sin haberlos vivido, los recuerdos del original?

Se trata de pura elucubración pero no resulta descabellado pensarlo dado que los animales clonados hasta ahora no se han comportado como seres totalmente nuevos. La famosa oveja Dolly murió a los 7 años de edad, una cifra inferior al promedio de su especie, víctima de un envejecimiento prematuro y de enfermedades propias de animales de edad más avanzada. Se piensa que el envejecimiento de las células se debe a que los extremos de los cromosomas, llamados telómeros, se van acortando en cada división celular hasta que llegaría un momento en que no serían posibles nuevas divisiones y esto provocaría la muerte de la célula. Los telómeros vendrían a ser indicadores de la edad; las células de los recién nacidos son capaces de regenerarse unas 100 veces mientras que las de individuos adultos solamente consiguen unas 25 duplicaciones. Si clonamos pues las células de un hombre adulto, el clon, aún tratándose de un recién nacido, tiene la edad biológica de su "padre" en el momento en que se lleva a cabo la clonación.

En la película, por lo tanto, los déjà vus tendrían que ir acompañados de un envejecimiento prematuro para hacer más plausible la hipótesis de la clonación. En cualquier caso, como recuerdan los títulos de crédito de Proyecto dos, la clonación se da de forma natural en los gemelos univitelinos, aunque en este caso la duplicación de material genético se produce en un momento tan temprano que no plantearía este tipo de problemas. Probablemente para poder hacer clones artificiales habrá que producirlos, como hace la naturaleza, a partir de individuos muy jóvenes.

Por último, para los que piensan que en España no se hace género de ciencia-ficción, además del film Proyecto dos, los problemas relacionados con la clonación, en este caso de animales, se abordan en la novela Razas de guerra del escritor novel Ricardo Alcañiz.

07 abril 2008

La pequeña: fotos sorprendentes

La pequeña (1978) es una de las incursiones en el cine americano del director francés Louis Malle en la que Brooke Shields se dio a conocer interpretando a una niña-prostituta; lo políticamente incorrecto de esta propuesta ya lo comenté en otro blog, pero ahora me interesa centrarme en un aspecto que me llamó la atención. El personaje masculino de la historia es un fotógrafo, inspirado en un personaje real e interpretado por David Carradine, al que le gustaba retratar a las prostitutas en los burdeles. La primera vez que éste acude a la casa de citas, una de las chicas se queda muy sorprendida ante la cámara fotográfica como si nunca la hubiera visto. Tratándose de una historia ambientada durante los años de la primera guerra mundial, esto me pareció un tremendo anacronismo, sobre todo cuando poco después vemos a otra de las meretrices hablando con total normalidad por teléfono, un invento bastante posterior a la fotografía.

A veces ocurre que una tecnología funciona desde hace tiempo a un nivel experimental pero no se ha popularizado (los antiguos griegos descubrieron la máquina de vapor, pero nadie supo encontrarle ninguna aplicación hasta bien entrado el siglo XVIII), pero no puede ser éste el caso de la fotografía cuando en la época en la que transcurre la acción, en torno al año 1917, era ya enormemente popular el más importante hijo de esta técnica: el cine, que no es más que una sucesión de fotografías que se suceden de forma muy rápida. Efectivamente, por estos años Hollywood empezaba ya a ser una poderosa industria y Mary Pickford se convertía en una de las primeras estrellas del celuloide, por lo que el cine, y mucho más la fotografía, era algo perfectamente cotidiano. Naturalmente, no todo el mundo tenía en casa una máquina fotográfica como hoy en día; se trataba de un artículo caro al que sólo accedían los profesionales del medio y las familias burguesas. Las clases medias o humildes solamente acudían al fotógrafo para realizar instantáneas de familia en ocasiones especiales, pero desde luego no verían nada de raro en que alguien tuviera como profesión la fotografía.

De hecho la técnica empleada por las cámaras fotográficas tampoco ha evolucionado tanto desde la época de la película; la gran revolución que permitió extender y popularizar el invento fue el celuloide, un soporte para la imagen resistente, flexible, fácil de manejar y relativamente duradero (eso sí, fácilmente combustible). Cuando este material se empezó a producir a gran escala, la famosa compañía Kodak sacó al mercado el primer carrete comercial, lo que facilitó y abarató en gran medida la técnica de capturar imágenes. De hecho, ya desde antes del siglo XX se empezó a experimentar con la fotografía en color, aunque los carretes de color no llegaron al mercado hasta 1935, por lo que sí es normal que el fotógrafo del film, que tampoco es ningún potentado, trabajara en blanco y negro.

Curiosamente, en la película, David Carradine no sale inclinado mirando por el visor de la cámara, sino que dispone de un moderno interruptor que pulsa para obtener la imagen; no sé si esto responde o no a la realidad, si algún lector coleccionista de objetos antiguos tiene algún aparato de esa época tal vez pueda decirlo. Por otra parte, en aquellos tiempos no existía lámpara de flash en las cámaras, ésta no se inventó hasta 1927, por lo que hasta entonces se empleaba el magnesio para las fotos interiores, dando lugar a una nube de polvo que hacía la función del flash. Esto no se muestra en la película, aunque es cierto que la mayor parte de las fotos se llevan a cabo con luz natural y abundante. Además el director de fotografía del film es uno de los mayores maestros de este campo, el sueco Sven Nykvist.

26 marzo 2008

Conducir en las películas

Hay muchas cosas en las que aceptamos que el cine no es real y la conducción de automóviles es una de ellas. En primer lugar por lo que comentaba otro día de que los coches en el cine sólo dan problemas en el encendido, pero también hay otros aspectos dignos de ser comentados. Por ejemplo, la gran cantidad de volantazos que dan en las películas; cuando alguien conduce en la realidad las curvas en la carretera normalmente son suaves y se va girando el volante paulatinamente. En el cine el conductor suele moverlo con gran velocidad a izquierda, derecha, izquierda, derecha continuamente. Un coche conducido así sería el terror de la autopista, todos los otros vehículos se tendrían que apartar de la calzada y además en el interior se notaría el fuerte efecto de la inercia y sus ocupantes se irían meneando de un lado al otro. Tampoco está mal la tranquilidad con que los conductores en el cine miran al copiloto en lugar de a la carretera.

Pero me voy a detener más en otro punto que es el del cambio de marchas. Todos los conductores sabemos que al arrancar un vehículo la mano se nos va continuamente a la palanca de cambios. Hay que comprobar si tiene la primera metida y al poco de arrancar meter la segunda y generalmente no mucho después la tercera; incluso la cuarta, si estamos en carretera y no en ciudad. En el cine no se ven estos movimientos, el conductor agarra el volante todo el rato. Esto no se aleja tanto de la realidad si se trata de cine americano puesto que los coches estadounidenses suelen tener cambio de marchas automático y no manual.

Ojo, aunque el cambio de marchas se haga automáticamente la caja de cambios funciona exactamente igual que en un coche europeo. Se trata de una serie de engranajes que regulan la velocidad que el motor transmite a las ruedas. Las ruedas giran a menos velocidad que el motor y esta reducción se consigue uniendo el motor con un engranaje pequeño y las ruedas con uno más grande; cuanto mayor sea la diferencia de tamaño entre los engranajes, más se reducirá la velocidad y más lentas irán las ruedas. En el momento del arranque nos interesa que las ruedas vayan a poca velocidad; más adelante lo que hacemos al pisar el embrague (desembragar) es separar los dos engranajes. En ese momento las ruedas giran de forma totalmente independiente del motor (de ahí que el coche se embale cuando pisamos el embrague cuesta abajo y se frene cuando lo pisamos cuesta arriba); al meter la nueva marcha, ya sea de forma manual o automática, se ponen en contacto dos engranajes distintos con menos diferencia de tamaño, por lo que la reducción de velocidad es menor, las ruedas girarán más aprisa. Si la marcha "entra mal" puede pasar que los engranajes no lleguen a hacer contacto y las ruedas giren "locas", independientes del motor; o algo peor, si intentamos cambiar la marcha sin pisar el embrague, y por lo tanto sin separar los dos engranajes, hacemos que uno rasque contra el otro produciendo un desagradable ruido.

¿Y por qué la marcha atrás es por lo general más complicada de meter? Pues porque requiere unir no dos sino tres engranajes; la función del tercero es cambiar el sentido de giro. Ahí sí que los coches americanos tendrán que tener algún dispositivo manual para introducirla; la automatización, como todo, tiene sus límites.

13 marzo 2008

Búsqueda de contraseñas

Curiosamente tengo la sensación de haber visto más películas en las que los buenos intentaban saltarse claves de acceso a redes, protecciones de datos e información privada, etc. que al contrario, que historias de hackers malos. El pirata informático malo suele acosar y mandar mensajes inquietantes a víctimas que a veces se olvidan de que, simplemente desconectando el cable de red, se librarán del espionaje. A un ordenador que no está conectado a Internet no se le puede atacar, aunque sí se le pueden dejar instalados durante el tiempo de conexión virus que actúen después y que hasta el momento hayan permanecido latentes, dando la impresión de que el equipo ha sido atacado en ese instante.

Pero cuando los buenos necesitan saltarse o crackear una contraseña y, tras el inevitable suspense, lo logran en el último segundo, ¿esto responde a la realidad? Pues depende del programa que estén empleando para averiguar la clave (programas que básicamente lo que hacen es probar todas las combinaciones posibles de caracteres a gran velocidad) pero sobre todo depende de la seguridad de la contraseña. En este enlace se muestran unas interesantes tablas con el tiempo que se tarda en averiguar una contraseña; las más fáciles son las numéricas. Una contraseña de 4 números tiene sólo 10.000 combinaciones posibles (puesto que es un número del 1 al 10.000) y a la velocidad de los chips de hoy en día se pueden hacer los 10.000 intentos de forma prácticamente instantánea. Si utilizamos 6 números el hacker todavía lo podrá averiguar en menos de 30 segundos (menos todavía si utiliza toda una red de equipos en lugar de uno solo).

Para ponerlo un poco más difícil podemos usar letras; al tratarse de combinaciones de 26 caracteres en lugar de diez, como en los números, el tiempo se eleva a ocho horas y media para seis letras, aunque si disponemos de toda una red estas ocho horas se reducen a segundos. La complicación se eleva si la contraseña mezcla mayúsculas y minúsculas (las ocho horas no se duplican, sino que se convierten en 23 días), y si además se añaden números el tiempo puede subir hasta 66 días. Como se ve, el incremento del tiempo no es proporcional sino exponencial; por lo tanto lo del experto informático cargándose una contraseña en unos pocos minutos con un solo ordenador, por potente que sea, es puro cine. Otra cosa es que dispongamos de toda una red, pero ese no suele ser el caso en las películas. Sí es muy fácil descifrar una contraseña puesta por algún particular, porque es una cuestión más de psicología que de técnica: probando la fecha de nacimiento, de la boda, los nombres de su mujer o sus hijos, etc. tenemos bastantes posibilidades de acertar. Pero para algo importante, la clave de una empresa, de una organización delictiva, etc. las contraseñas no van a ser tan simples, se recurrirá a mayúsculas, minúsculas y números combinados.

Los tiempos no cambian tanto en el cine y si antaño el western se basaba en que el caballo del malo corría menos que el caballo del bueno, en las películas de acción de hoy en día el ordenador del hacker malo es siempre más lento que el del hacker bueno.

26 febrero 2008

Savage Grace: mitos y realidades respecto al incesto

En Savage Grace, que está o al menos estuvo en cartel hasta hace poco en nuestro país, Julianne Moore interpretaba a una madre un tanto inestable emocionalmente cuya relación con su hijo puede calificarse de enfermiza. Tras ser abandonada por su marido, el desequilibrio de la protagonista va a más y la lleva primero a compartir amantes con su hijo y más tarde a tener relaciones sexuales directas con él. Aunque sé que existe otra película con la misma temática protagonizada por Isabelle Huppert, la actriz de guardia para este tipo de papeles extremos, servidor nunca había visto el incesto mostrado de forma tan gráfica en el cine, pero parece que la distribuidora no ha sabido aprovechar el potencial escandaloso de una película que tampoco tiene muchos más valores que ofrecer y que ha pasado muy desapercibida.

El incesto es, ex aequo con el canibalismo, el mayor tabú en nuestra cultura y en casi todas aunque, como ocurre igualmente con la antropofagia, existen excepciones en lugares y momentos concretos de la historia, como el antiguo Egipto, en el que los faraones se casaban con sus hermanas para evitar los conflictos dinásticos. ¿Tiene este rechazo a las relaciones sexuales entre los miembros de la misma familia una base científica o se trata sólo de una cuestión antropológica y cultural? Bien, se piensa que la reproducción sexual, común a todos los animales superiores, presenta ventajas biológicas y evolutivas: al mezclar los genes de dos individuos distintos sus descendientes resultan genéticamente más diversos y por lo tanto más capacitados para evolucionar y adaptarse al entorno que las especies asexuales, como gusanos, esponjas, etc. en las que un sólo individuo se reproduce originando copias genéticas de sí mismo. El incesto, que evita en buena medida esa mayor riqueza genética, parece algo contra natura: no obstante, la creencia popular de que los hijos de relaciones incestuosas sufren malformaciones o retraso mental es exagerada y probablemente producto del tabú cultural. Un estudio reciente llegaba a la conclusión de que los hijos de primos carnales, que comparten mucho material genético, tienen alrededor de un 93 % de probabilidades de ser perfectamente normales. Es cierto que las relaciones entre primos no suelen ser consideradas como realmente incestuosas (aunque el matrimonio entre ellos esté prohibido en algunos estados de USA) y en las que sí lo son, como entre hermanos o entre padres e hijos, las estadísticas podrían ser menos favorables a relativizar el peligro del incesto, pero no es cierto que los hijos de padre y madre de una misma familia vayan a sufrir necesariamente malformaciones: simplemente, muchos genes recesivos que podrían causar enfermedades y que seguirían siendo recesivos al unirse con otro material genético externo, se vuelven dominantes con el incesto; el riesgo en el embarazo es mayor, pero no llega a ser una certeza.

Aún más lejos en cuanto a relaciones incestuosas llegó El crimen del capitán Sánchez, un episodio de la serie española de TV de los años 80 La huella del crimen, en el que el tal capitán mantenía una prolongada relación con su propia hija, con la que tenía varios hijos / nietos aparentemente normales, y también este tema se planteaba en Volver, la hasta el momento última película de Almodóvar. El incesto padre / hija o madre /hijo, el más frecuente, está estrechamente vinculado a la pederastia y el abuso de menores por lo que es considerado ilegal; en cuanto al de hermano / hermana entre adultos resulta motivo de debate: hace pocos años se condenó a una pareja de hermanos alemanes a penas de cárcel, que supongo que no llegaron a cumplir en la práctica, por haber tenido hijos entre ellos. Sin embargo en otros países se considera una especie de variante sexual tan extraña como aceptable en principio.

02 febrero 2008

El increíble hombre menguante: cuando la estatura es variable

El increíble hombre menguante es un clásico de la ciencia-ficción de serie B sobre un pobre tipo que, tras ser expuesto a una radiación (típico ejemplo del pánico a la energía nuclear en los años 50, tras la destrucción de Hiroshima y Nagasaki con bombas atómicas) ve como su tamaño se va reduciendo primero hasta convertirse en un enano, luego, entrando ya en lo bizarro, tiene que vivir en una especie de casa de muñecas que le ha preparado su mujer. Se suceden entonces escenas antológicas en el género, como la persecución del hombre menguante por parte primero de su propio gato y más tarde de una malvada araña en el sótano. A diferencia de otros títulos de este estilo, la película es solvente y se ve con agrado más allá de su valor como rareza.

Pero a lo que vamos: hay una escena de la película, cuando nuestro hombre empieza a perder peso y visita al médico para ver que le ocurre, en la que el doctor le comenta algo que no sé si forma parte o no de la cultura general. Nuestra estatura no es constante, va variando durante el día. Al estar de pie los huesos se comprimen y vamos perdiendo altura durante la jornada. Por la noche, al estar tumbados, recuperamos los centímetros perdidos, que pueden ser del orden de 1 o 2. Esta puede ser una cuestión importante a la hora de trabajos en los que se pide una estatura mínima (policías, etc.) porque, quien se encuentre en el límite, puede alcanzarlo si se le mide por la mañana y quedarse por debajo si se hace a última hora de la tarde. Aunque la película no lo comente, también puede haber oscilaciones en el peso, en este caso en función de la posición geográfica. Debido al achatamiento de la Tierra, la gravedad es ligeramente superior en los polos y un poco más baja en el Ecuador. La diferencia es insignificante para la vida diaria pero relevante a la hora de establecer, por ejemplo, un récord de salto de altura en los juegos olímpicos.

Otro aspecto curioso de la película es la tranquilidad con la que el médico le hacía radiografías al protagonista; no ha sido hasta hace relativamente muy poco cuando se ha limitado el uso de los rayos X por sus efectos sobre las células, especialmente problemáticos en niños y embarazadas. Y someter al pobre hombre menguante a más radiación es hacer que llueva sobre mojado.

23 enero 2008

El experimento: jugando con fuego

El experimento (2001) es el título de la primera película del director alemán Oliver Hirchsbiegel, que años más tarde obtendría un éxito mucho mayor con El hundimiento, un relato sobre los últimos días del nazismo. Pero es su opera prima la que resulta interesante para este blog porque se basa en una novela a la vez inspirada por un experimento científico real: el de la cárcel de Stanford, llevado a cabo en 1971, en el que se estudiaba el efecto psicológico de la vida en prisión y los roles que allí se establecen.

Los participantes en el experimento eran universitarios que debían asumir el papel de preso o de guardián; este es un aspecto importante que la película descuida, puesto que en el film el grupo de científicos que coordina el experimento estudia a los participantes y decide si su perfil psicológico responde mejor a un rol o al otro. El experimento real pretendía demostrar lo contrario, que es el rol que tienen que asumir el que modifica el comportamiento e incluso el aspecto que percibimos de las personas; en la realidad los presos llegaron a pensar que los guardianes habían sido seleccionados por su mayor robustez o su carácter más dominante o su habilidad para el liderazgo cuando en realidad se trataba de una cuestión de puro azar.

La película sí se acerca a la realidad cuando describe los métodos empleados para despersonalizar la relación entre guardianes y presos, los límites en esos métodos (no se podía emplear la violencia física), y su gran eficacia, puesto que el primer día los fingidos guardias fueron capaces de sofocar un motín y consiguieron tener a sus no menos fingidos prisioneros obedientes y disciplinados en poco tiempo. Pero también la película es fiel al experimento real al tratar sobre las preocupantes consecuencias de esta imposición de la autoridad: no tarda en producirse una escalada en las humillaciones empleadas para reducir a los prisioneros rebeldes ni en surgir actitudes realmente sádicas entre los carceleros. De hecho, el experimento tuvo que abortarse a los seis días cuando debería haber durado catorce.

Evidentemente este estudio, que pretendía demostrar que el comportamiento depende más de las circunstancias y del entorno que de la propia personalidad, fue objeto de críticas éticas y morales: de hecho los participantes, al menos en la película, tuvieron que firmar una declaración en la que renunciaban durante el experimento a parte de sus derechos civiles; mis conocimientos sobre leyes son elementales pero no creo que un contrato de ese tipo pueda ser legal. Se dudó también de su valor científico, al no existir observadores neutrales, haber un alto grado de subjetividad en su valoración y ser muy difícil de reproducir por otros investigadores. Lo cierto es que se trata de una experiencia de un gran potencial dramático que la película no explotaba, dando a la historia un tratamiento comercial y convirtiéndola en una cinta de acción con un héroe y un antagonista.

08 enero 2008

Aire: oxígeno, nitrógeno y argón

Sin que sirva de precedente (o tal vez sí) hoy cambiamos las películas por canciones. Aire: oxígeno, nitrógeno y argón es el estribillo de una conocida canción de Mecano (que, curiosamente, nunca fue single, sino cara B de Busco algo barato, tema bastante olvidado hoy en día) que me hizo creer en mi infancia que el aire estaba compuesto principalmente por oxígeno, nitrógeno y argón en ese orden de importancia. Por si alguien más se ha preguntado si lo que dice la letra es o no correcto, lo cierto es que el nitrógeno es el primerísimo componente del aire, al que aporta más de un 78 % de su volumen y un 75 % de su peso. Pero, cualitativamente hablando, es más importante el oxígeno, puesto que es lo que respiramos; actúa de comburente de los alimentos que ingerimos (es decir, los quema) y de esta combustión obtenemos la energía que nuestro organismo, que en buena medida es una máquina térmica semejante al motor de un coche, necesita. El oxígeno no supone más que alrededor de un 21 % del aire en volumen (23 % en peso); esto supone que para respirar la cantidad de oxígeno que necesitamos tenemos que introducir en nuestro aparato respiratorio una cantidad casi cuatro veces mayor de nitrógeno que sirve más bien para poco y que tenemos que gastar energía en calentar: es un proceso de muy bajo rendimiento pero mejor que sea así, ya que un contenido mayor de oxígeno en la atmósfera podría convertir el planeta en un polvorín de riesgo de incendio y explosión continuos.

Comparado con sus otros dos compañeros, el argón es prácticamente insignificante, no supone ni el 1 % del contenido total de gases existentes en el aire, aunque sí es el primero del largo furgón de cola de gases secundarios que respiramos. Se trata de un gas noble, es decir, un elemento muy estable que no reacciona con ningún otro; el aire contiene otros en menor proporción, como el helio, el neón, el xenón o el kriptón (todos ellos situados a la derecha en la tabla periódica); los otros gases presentes en la atmósfera son, naturalmente, compuestos contaminantes (hidrocarburos y cenizas) o causantes de efecto invernadero (dióxido de carbono). Así pues, la presencia del argón en la canción de Mecano al mismo nivel que el oxígeno y el nitrógeno se debe más que nada a cuestiones eufónicas. Por cierto, hablando de la letra de esta canción, por la forma algo peculiar de cantar de Ana Torroja no entendía la estrofa final y no fue hasta hace no mucho que me di cuenta de que decía no faltéis al funeral, es decir, el narrador era un muerto, como en El crepúsculo de los dioses.

23 diciembre 2007

Al final del calendario

Nos encontramos en fechas navideñas; como la mayoría de lectores sabrán, la navidad es una cristianización de la fiesta de celebración del solsticio de invierno, por lo que está más relacionada con la ciencia de lo que parece. Además estamos también en los últimos días del año. Es también cultura general que un año es el periodo que tarda la Tierra en dar una vuelta al sol, mientras que un día es el tiempo que nuestra planeta emplea en girar en torno a sí mismo, un movimiento que es aproximadamente 365 veces más rápido, y de ahí que ese sea el número de días que tiene un año. Más o menos, porque la relación entre los dos periodos no es un número entero, el valor real es algo mayor que 365, aproximadamente 365,25 y de ahí que cada cuatro años el desfase sea de un día y surja un año bisiesto. Pero tampoco esa cantidad es exacta, y de ahí que de cada veinticinco años que deberían ser bisiestos uno no lo sea, que es el del comienzo de cada siglo; pero eso volvería a producir un pequeño desfase, por lo que uno de cada cuatro principios de siglo sí debe ser bisiesto. Que lio. Es decir, los años 1700, 1800 y 1900 no fueron bisiestos y sin embargo 2000 sí. 2400 volverá a ser bisiesto, a diferencia de 2100, 2200 y 2300. Si la humanidad consigue durar lo suficiente, seguramente volverán a ser necesarias otras modificaciones en los años bisiestos para conseguir un ajuste más perfecto.

Como sabemos, más imperfecta todavía es la cuestión de los meses; para tener un buen correspondiente científico, un mes debería ser el periodo de un ciclo lunar, que como es bien conocido consta de cuatro fases: luna nueva, luna llena, cuarto creciente y cuarto menguante. Cada una de esas fases dura una semana por lo que un mes perfecto debería tener cuatro semanas; sin embargo de esa forma no conseguimos un número exacto de meses al año, por lo que llevamos a cabo ese curioso reparto de meses de 30, 31 y 28 días. Los judíos y musulmanes sí siguen meses lunares pero tampoco esto es la panacea, puesto que los ciclos de la luna no son completamente regulares por lo que es necesario introducir ajustes como en el caso de los años bisiestos.

Una última curiosidad: los días de la semana llevan los nombres de la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter y Venus, es decir, los cuerpos celestes visibles desde la tierra. Esto es así en todas las lenguas europeas (en las germánicas sustituyen a los dioses romanos que dan nombre a los planetas por los de su mitología) salvo en portugués, donde no se complican la vida y les llaman sencillamente segunda-feira, terça-feira, quarta-feira, etc.

¿Y esto tiene algo que ver con el cine? Ejem, pues sólo se me ocurre como excusa el curioso título de una película de Fassbinder, El año de las trece lunas, es decir, trece fases de la Luna en lugar de doce. Además de que quería poner alguna entrada que me sirviera para felicitar las navidades y el año a los lectores. Un saludo y os deseo lo mejor para todos.