La historia de los fracasos de la tecnología puede ser tan instructiva como la de sus éxitos.

A todos nos suena familiar haber oído hablar de alguna innovación que supuestamente iba a cambiar nuestra vida y que todo el mundo olvidó en unos pocos años. En mi opinión (que nadie tiene por qué compartir) el mayor fracaso de la tecnología en el siglo XX, comparando las expectativas surgidas con los resultados finales, fue la
energía nuclear.

Otro fiasquillo menos sonado fue el
Laser Disc, que hoy nadie recordará ni mucho menos planteará como posible alternativa al arrasador
DVD; y creo que se podría añadir a la lista una forma de ocio que hace unos quince años, justo antes del boom de Internet, se anunciaba a bombo y platillo: la
realidad virtual. Los medios de comunicación nos vendían en los primeros años 90 la imagen de gente provista de guantes y gafas que les permitían vivir fantasías y habitar mundos virtuales . El cine le sacó partido en una serie B basada en un relato de
Stephen King,
El cortador de césped, y también se jugaba con esa idea en la famosísima
Matrix, en la que toda la humanidad estaba viviendo una existencia virtual mientras permanecía en estado vegetativo.
Tal vez este tipo de realidad virtual llegue a desarrollarse en el futuro, pero en todo caso por ahora lo está haciendo a una velocidad mucho más lenta de lo que nos habían dicho.

La razón es muy sencilla: se trata de una tecnología muy cara en comparación con otra realidad virtual a la que algunos llaman
no inmersiva, porque no necesita cascos, gafas ni trajes, y que no es otra que Internet. Ahora mismo está usted leyendo un cuaderno virtual y a continuación navegará por una comunidad virtual, es decir, un portal de Internet, o se meterá en un chat lleno de habitaciones virtuales. Es posible que, cuando esta realidad virtual "light" deje de ser una novedad, la evolución lógica camine hacia una tecnología cada vez más envolvente y aislante de la realidad (¿o deberíamos decir de la
otra realidad?). El caso más extremo lo planteaba
eXistenZ, un film de
David Cronenberg de 1999,

que junto con mi película favorita,
Videodrome (1983), del mismo autor, constituye un ambiguo, complejo y más que interesante díptico sobre la relación entre tecnología y sociedad.
eXistenZ hablaba de un juego virtual al que había que conectarse físicamente, es decir, el
hardware se introducía en el organismo de los participantes a través de un
biopuerto; el jugador no sólo podía interactuar con elementos virtuales sino también con los otros participantes, toda una evolución de los foros, comunidades y juegos on line que existen ahora. El tiempo dirá si
eXistenZ, película que todo interesado en la tecnología debería ver, es una obra visionaria o no; hasta el momento
Virtual boy, un intento de realidad virtual envolvente desarrollado hace años por Nintendo, fue un fracaso comercial, pero eso no quiere decir que la idea no pueda ser actualizada y recuperada en el futuro.