He tenido ocasión de ver Lemming (2005), la segunda y muy interesante película de Dominic Moll que trata de un
matrimonio aparentemente perfecto para el que las cosas se tuercen a partir de un hecho tan inexplicable como la aparición en su desagüe de un lemming, un pequeño roedor hervíboro que sólo existe en la tundra y en las regiones árticas, muy lejos de Francia, donde transcurre la acción.

El fenómeno principal que hace famosos a los lemmings, que es un elemento con el que la película jugará más adelante, son los suicidios colectivos que supuestamente protagonizan tirándose en masa al mar desde lo alto de un acantilado. Esta leyenda urbana se debe a un documental producido por la productora de Walt Disney en 1958, White wilderness, sobre la vida en las regiones polares. De pequeño lei una versión en comic de la película y me había impresionado mucho el suicidio masivo de los lemmings, que allí se explicaba como un modo un tanto radical de mantener el equilibrio de la población.

La película tenía otro punto muy interesante, que era el proyecto en el que trabajaba el protagonista, una webcam voladora que se podía controlar por ordenador desde muy lejos. Intentaré averiguar si es fácil hacer volar un dispositivo de control tan remoto. Se trata de una producción francesa, de ser española sólo el hecho de que una empresa privada llevara a cabo motu proprio un proyecto de ese tipo ya situaría a la película en el género fantástico ...