En

1971 la tranquilidad del pueblo de
Belmez de la Moraleda (Jaen) se vio alterada por uno de los fenómenos sobrenaturales más comentados en todo el mundo desde entonces: una serie de dibujos vagamente parecidos a rostros humanos aparecieron en el suelo de la cocina de una humilde familia. Miguel, hijo de los dueños de la casa, picó el lugar donde estaban las extrañas imágenes y lo alisó con cemento: no obstante, a los pocos días, las caras habían reaparecido en el mismo sitio. Lo más curioso es que iban surgiendo nuevos dibujos, mientras que las antiguas caras iban modificando su expresión. El fenómeno se hizo público, y adquirió interés internacional cuando el suelo de la cocina fue analizado y no se encontró rastro de pintura sobre él. Algo tan pintoresco no podía hacerles demasiada gracia a las autoridades franquistas de la época, ni tampoco a la comunidad científica. Desde entonces, han existido dos corrientes de opinión radicales sobre lo que se empezó a conocer como
caras de Belmez: por un lado quienes desacreditan totalmente el fenómeno y calumnian sin pruebas concluyentes a la familia de la casa y al fotógrafo del pueblo acusándolos de delitos como fraude y estafa, y por otra quienes creen ciegamente en él, denominan a las imágenes
teleplastias y elaboran teorías a cada cual más peregrina sobre su origen.
La mayoría de los fenómenos sobrenaturales han acabado revelando su naturaleza fraudulenta desde los tiempos en los que las hermanas Fox inventaron la comunicación con los espíritus a través de mediums y de truquillos tan infantiles como la
supuestamente temible ouija, de ahí que una gran dosis de escepticismo sea conveniente al acercarse a las caras de Belmez. Hay muchas posibles explicaciones científicas del origen de las caras: que no haya rastros de pintura sobre el cemento no quiere decir gran cosa, no hay nada nuevo en la técnica de la
pintura al fresco, que consiste en pintar sobre cal húmeda y esperar a que se seque; una vez secos, los colores constituyen químicamente parte de la superficie, se puede decir que están dentro de y no sobre ella. Otros escépticos plantean la hipótesis de pintar con sales como el
nitrato de plata: en este caso las imágenes al principio no se ven y van surgiendo gradualmente con el tiempo a medida que la sal va reaccionando ante la exposición a la luz, lo que explicaría que las caras cambien. Otros apuntan que, en un ambiente tan húmedo como la casa en la que aparecieron las imágenes, es fácil que el agua origine manchas que pueden interpretarse como rostros humanos.
Todas estas teorías se apoyan en algo fácilmente compr

ensible: la tendencia natural del cerebro a dar forma al caos y a convertir lo informe en siluetas familiares y lógicas, un fenómeno al que a veces se le llama
pareidolia. Todos hemos jugado a ver imágenes en las nubes, y nadie ve nada sobrenatural en ello. Este truco de "recomponer" figuras en nuestra mente es muy útil y nos permite leer a gran velocidad sin tener que perder tiempo en percibir y procesar todas y cada una de las letras de cada palabra, o jugar a juegos como
El Ahorcado y muchos otros. Realmente el ver rostros humanos en las presuntas teleplastias de Belmez depende en buena medida de la imaginación o la capacidad de sugestión de cada persona.
Por otro lado, los defensores del fenómeno apuntan, con bastante sensatez, que si es un fraude se trata de un engaño muy sofisticado que requiere probablemente conocimientos de química y pintura demasiado elevados para los supuestos estafadores. Tampoco se ve muy claro el movil de la estafa, porque aunque los detractores de las caras de Belmez hablen del ánimo de lucro y del ansia de notoriedad, lo cierto es que nadie se ha hecho rico con esta historia y probablemente muchos de los lectores del blog no hayan oído jamás hablar de ella salvo que estén especialmente interesados en lo paranormal; y aunque algunos curiosos se acerquen al pueblo porque han oído hablar, y algún vecino gane algo de dinero vendiendo fotos o souvenirs de las caras, la localidad está muy lejos de vivir gracias a este peculiar turismo. Quienes hablan de la gran cantidad de dinero que la familia de la casa ha obtenido con este asunto, citan fuentes de tanto rigor como la revista
Lecturas. La falta de acuerdo sobre los científicos a la hora de explicar el origen de las caras, debida a la poca fiabilidad de los análisis llevados a cabo, que dan resultados contradictorios, tampoco permite demostrar de forma concluyente que se trate de un timo.
Pero

lo cierto es que las teorías de los defensores de lo paranormal son igualmente variadas: hay quien dice que María, la dueña de la casa, era una medium cuya actividad psíquica se plasmaba sobre el suelo de la cocina dando lugar a estos dibujos, que iban alterándose a medida que cambiaba su estado de ánimo. En ese caso deberían desvanecerse hasta desaparecer, puesto que María falleció en 2004. Esta hipótesis es la más seria o la menos risible entre otras que hablan de
psicofonías y recuerdan que siglos atrás hubo un antiguo cementerio cerca de donde ocurrieron los hechos. Naturalmente estas teorías más fantasiosas son las más estimulantes para la imaginación de los guionistas, y varias de ellas se mezclan en
99.9, un film de terror de
Agustí Villaronga de 1997 libremente inspirado en este curioso fenómeno.