24 febrero 2007

Sonrisa peligrosa: por los conductos del aire

Novocaine es una película de 2001 protagonizada por Steve Martin y Helena Bonham-Carter. Aquí se llamó Sonrisa peligrosa, título que refleja la mezcla de comedia negra y thriller de la historia, dotada además de un cierto punto bizarro que no la ayudó a tener éxito en taquilla. La trama habla del típico hombre que tiene una vida ordenada y metódica que se ve sacudida y convertida en un caos por la acción de una mujer misteriosa, algo que resulta al mismo tiempo traumático y liberador para él, un poco en la línea de Que me pasa doctor, Algo salvaje u Oscura seducción. Los lios en los que le mete su nueva amiga provocan que el protagonista sea buscado por la policía; cuando los agentes llaman a la puerta de la habitación del motel en el que se esconde, decide escapar colándose por la rejilla de ventilación del cuarto de baño, algo que hemos visto otras veces en otras películas.

¿Realmente uno puede escapar introduciéndose en estos conductos del aire? Para responder, empecemos por explicar un poco cómo funciona y cómo se dimensiona esta instalación. Evidentemente es bueno que el aire del cuarto de baño se renueve con frecuencia; para ello, si no disponemos de una ventana que provoque una ventilación natural, forzamos la renovación del aire mediante un ventilador que "chupa" el aire al producir con el movimiento de sus palas alabeadas una disminución de la presión. Las moléculas de aire buscan la mayor comodidad posible, y la encuentran escapando del cuarto de baño y buscando el ventilador situado al final de los conductos. Al mismo tiempo, el aire se supone que más limpio del resto de las habitaciones se introducirá en el cuarto de baño por la misma razón, allí hay menos presión y por lo tanto mayor confort para las moléculas. El principio es el mismo que el de la campana extractora de la cocina.

Las normas DIN recomiendan un mínimo de cinco a siete renovaciones de aire por hora para un cuarto de baño privado (es decir, que los malos olores y las vapores de la ducha desaparezcan al cabo como mucho de unos diez minutos). Multiplicando las dimensiones del local por cinco o por siete tendremos por lo tanto la cantidad de aire que el ventilador tendrá que suministrar por hora. Nos interesa que el aire no circule a mucha velocidad por los conductos para que no haga ruido, considerándose la máxima admisible 5 metros por segundo (18 km/hora). Dividiendo el caudal de aire entre la velocidad deseada tenemos la sección del conducto, que siempre habrá que sobredimensionar un poco para compensar las pérdidas de carga (de presión) que se producen en codos, cambios de dirección del conducto y cruces entre unas ramas y otras. El caso es que (si a alguien le interesa puedo justificar los números) una rejilla de 25 x 25 cm es más que suficiente para garantizar una bastante correcta ventilación para un cuarto de baño de 10 metros cuadrados (y raramente el baño va a tener más superficie, salvo que sea un hotel de lujo). Un ratón o un bebé pueden colarse por ahí, pero difícilmente un hombretón como Steve Martin.

Otra cosa sería si nuestro hombre estuviera, no en uno de los cuartos de baño, que serían los puntos finales de la instalación, sino en el conducto principal del que derivan todas las ramas que van a cada uno de esos cuartos de baño. En ese caso, si se trata de un motel de muchas habitaciones, sí puede haber conductos en el falso techo lo suficientemente grandes para alojar a un fugitivo. Eso sí, aparte de no oler demasiado bien en su interior, sopla corriente por ellos, así que a nuestro héroe al menos debería movérsele un poco el pelo.

2 comentarios:

Erynus dijo...

Y supongo que tambien habra que tener en cuenta si dichos conductos estan diseñados para soportar el peso de un hombre.

jalop dijo...

Buena puntualización. El material de los conductos suele ser chapa o metales ligeros como aluminio. Alguien que trabaje con estas aleaciones podría confirmarlo o decir si me equivoco, pero sospecho que, más que romperse por el peso, el problema sería que se deformarían y se haría muy evidente que alguien o algo se ha metido allí dentro.