18 agosto 2006

El cliente: inhalando malos humos

Durante los días de incendios, antes de las salvadoras lluvias que estamos teniendo, volvió dramáticamente a la actualidad el tema de la inhalación de humos: por lo general las víctimas mortales de un incendio no mueren porque se abrasen en el fuego, sino que se desvanecen por "tragar" los humos provocados por el incendio y fallecen, o bien asfixiados, o bien carbonizados por estar inconscientes cuando llegan las llamas.

En realidad la combustión, que no es más que la descomposición de un compuesto de carbono en presencia de oxígeno, es una de las reacciones químicas más habituales, sin ir más lejos se produce en nuestro organismo constantemente, es lo que denominamos respirar. Naturalmente, la mayoría de las combustiones no son tan espectaculares como para dar origen a llamas, pero sabiendo que es el mismo proceso, es fácil entender por qué también se producen muertes accidentales en reacciones de combustión sin fuego, como los braseros dentro de las casas, o por qué la inhalación de los gases del tubo de escape de un coche puede ser mortal, como ilustra el comienzo de la película El cliente (Joel Schumacher, 1994), en la que un niño presencia como un hombre se quita la vida introduciendo a través de un tubo los gases de escape en el interior de su coche.

En todos estos casos, lo peligroso son los gases resultados de la descomposición del combustible. No es que estos gases sean tóxicos en el sentido de que el contacto con la piel o los tejidos sea peligroso, como puede ocurrir con productos como la lejía o el ácido sulfúrico; de hecho el dióxido de carbono, CO2, el principal producto de una combustión junto con el vapor de agua, es producido por nuestro propio organismo y atraviesa nuestras vías respiratorias cada segundo. El problema es que una gran cantidad de CO2 en el ambiente nos impide respirar con normalidad, y sobre todo que, cuando algo se quema, además de dióxido de carbono hay otras sustancias.

En una combustión perfecta los únicos gases resultantes serían el mencionado CO2 y el inofensivo vapor de agua, pero por lo general los combustibles, sobre todo los derivados del petróleo, tienen muchas partículas metálicas que no arden y que generan gases que sí son directamente dañinos para el organismo. Además muchas moléculas de combustible, si no hay la suficiente cantidad de oxígeno, sufren una combustión incompleta, en la que se genera monóxido, en lugar de dióxido, de carbono (es este compuesto el que hace que el humo sea negro, el humo de una combustión perfecta sería blanco, como la fumata blanca cuando hay nuevo Papa). El monóxido de carbono, o CO, es dañino por un "defecto" de nuestra sangre, ya que la hemoglobina se adhiere mejor al CO que al oxígeno, con lo cual la exposición a este compuesto evita que el oxígeno llegue a nuestras células, causando al principio dolores de cabeza, luego desvanecimientos, y con el tiempo, si nadie lo evita, la muerte; la solución es tan simple como ventilar, o administrar oxígeno puro si la ingestión de CO ha sido ya importante.

2 comentarios:

La navaja en el ojo dijo...

Estoy viendo ahora mismo un capítulo de CSI en el que una posible pirómana de bosques ha sufrido quemaduras de 3er grado en el 80% de su cuerpo (cara incluida) y tiene las pestañas intactas ¿cómo explica eso la ciencia? :) :)

jalop dijo...

¡Que bueno! ¡Pestañas postizas incombustibles! Debe ser lo último de Margaret Astor :-)
Saludos